Cuando se colocaron los cimientos del nuevo templo, después del exilio, ocurrió algo inesperado. Esdras 3:12 describe una escena profunda: “Muchos… ancianos que habían visto la casa primera… lloraban en alta voz, mientras muchos daban grandes gritos de alegría.” El mismo acontecimiento. Dos reacciones. Un solo Dios obrando.
La riqueza del texto aparece cuando miramos algunas palabras hebreas clave — no sólo para entender el pasaje, sino para dejarnos pastorear por él.
1. “Lloraban en alta voz” — בֹּכִים (bokhím). Raíz: בכה (bakhá) Significado: llorar profundamente, con quebranto real, visible, que nace del corazón. Los ancianos lloraban porque recordaban el templo de Salomón. No estaban “criticando”. Estaban teniendo duelo espiritualmente por lo que se había perdido.
Ahora, Dios no desprecia tu dolor por lo que ya no es. Hay pérdidas que duelen… ministerios, etapas, relaciones, sueños. El llanto no te hace débil — te hace humano delante de Dios. Presenta tu dolor ante Dios… y no lo escondas.
2. “Gritos de alegría” — תְּרוּעָה (teruáh). Significado: clamor de victoria, alegría pública, celebración sonora. Es la misma palabra usada en festividades y victorias militares. Mientras algunos lloraban, otros celebraban la fidelidad de Dios. No estaban ignorando el dolor — simplemente veían el milagro del regreso.
La adoración también es gozo abierto y agradecido. No dejes de celebrar lo que Dios hace, aunque parezca pequeño. La iglesia necesita tanto lágrimas sinceras como gozo auténtico. El gozo cristiano no niega la realidad — la ilumina.
3. “Cimientos” — יְסוֹד (yesod). Significado: base, fundamento firme, aquello sobre lo cual todo se sostiene. El énfasis bíblico no está en la grandeza del edificio… sino en la solidez del fundamento.
Dios honra los comienzos obedientes, aunque sean humildes. Lo importante no es la visibilidad de la obra — sino el fundamento. En la vida cristiana, Cristo es nuestro yesod (1 Co 3:11). Dios mira primero el fundamento… luego la estructura.
4. “La casa primera” — הַבַּיִת הָרִאשׁוֹן (habáyit harishón). Esta expresión no sólo describe un edificio. Carga memoria, nostalgia, identidad. Los ancianos comparaban el presente con el pasado… y dolía.
Comparar roba gozo. La nostalgia puede ser piadosa… pero también puede atarte. Dios no te llama a repetir el pasado, sino a obedecer en el presente. Lo nuevo de Dios no siempre luce como lo viejo — pero sigue siendo Su obra.
Ecos de referencias en otros textos del Antiguo Testamento:
Hageo 2:3 — “¿No es como nada a vuestros ojos?”, כְּאַיִן (ke-áyin) — “como nada, insignificante”. Dios reconoce que el nuevo templo parecía pequeño. Pero promete: “Mi Espíritu estará en medio de vosotros.” Lo que parece pequeño… puede contener la gloria de Dios.
Salmo 126:5 — “Los que sembraron con lágrimas”. דִּמְעָה (dim‘áh) — lágrima con esperanza. Dios no desperdicia las lágrimas ofrecidas en fe.
Jeremías 31:16 — “Reprime del llanto tu voz”. בֶּכִי (bekhí) — llanto intenso. Dios no niega el dolor. Lo abraza y lo enmarca en esperanza.
Zacarías 4:10 — “El día de las pequeñeces”, קְטַנּוֹת (ketanót) — cosas pequeñas, poco importantes. Nunca desprecies los pequeños comienzos de Dios.
Podemos resumirlo así: En la obra de Dios pueden convivir lágrimas y gozo, debilidad y esperanza, lo pequeño y lo eterno. Lo importante no es la magnitud visible, sino el fundamento: Dios mismo.
✅ 1. Acepta la diversidad emocional en la iglesia. Habrá quienes lloren y quienes celebren. Ambos caben en la gracia de Dios.
✅ 2. No vivas comparando — vive agradeciendo. Pregúntate: ¿Vivo anclado al pasado o agradecido por lo que Dios hace hoy y hará en el futuro?
✅3. Revisa tu fundamento espiritual. Más que crecer… asegúrate de estar bien cimentado. Fundamento es: Palabra, obediencia, comunión con Cristo, vida en comunidad.
✅ 4. Acompaña a otros en su proceso. Al lado de un nuevo “cimiento espiritual” puede haber: una persona llorando lo perdido, otra celebrando el nuevo inicio. Camina con ambas.
✅ 5. Mira más allá de lo visible. El templo reconstruido apuntaba a algo mayor: Cristo — Dios habitando entre nosotros. Si Él está presente… la gloria ya está garantizada en medio nuestro.
En Esdras 3:12, lágrimas y gozo no se excluyen. Ambos se arrodillan ante el mismo Dios fiel. Que aprendamos a: llorar con esperanza, celebrar con humildad, construir sobre el único fundamento firme: Cristo.

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