miércoles, 21 de enero de 2026

“Nada nos podrá separar”: La seguridad eterna de la salvación en Cristo. (Rom 8:39), txt, no. 151.

“Nada nos podrá separar”: La seguridad eterna de la salvación en Cristo.

    Una pregunta que inquieta el corazón. Pocas preguntas han inquietado tanto al creyente sincero como esta: ¿Puedo perder mi salvación?

    Esta inquietud no nace necesariamente de rebeldía, sino muchas veces de un deseo honesto de perseverar fielmente. Sin embargo, cuando la seguridad de la salvación se convierte en una incertidumbre constante, la fe se transforma en ansiedad y la gracia en una carga.

    Es precisamente en este punto donde el apóstol Pablo, bajo inspiración divina, eleva nuestra mirada con una de las declaraciones más sólidas y esperanzadoras de toda la Escritura:

“Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”
(Romanos 8:39)

    A partir de este texto, exploraremos la seguridad eterna de la salvación, desmontando bíblicamente la idea de que esta puede perderse, y aplicando estas verdades tanto a creyentes como a no creyentes.

    1. El contexto de Romanos 8: la cima de la teología paulina.

    Antes de analizar Romanos 8:39, debemos entender su contexto. Romanos 8 es el clímax de una sección que comienza en Romanos 5, donde Pablo desarrolla los beneficios irrevocables de la justificación por la fe.

    Pablo no está escribiendo poesía emocional, sino argumentación teológica cuidadosamente estructurada por medio de inspiración divina. Cada afirmación está anclada en la obra objetiva de Cristo, no en el desempeño subjetivo del creyente. La palabra clave: ἀγάπη (agápē) – “amor”.

    En Romanos 8:39, Pablo afirma que nada puede separarnos del amor de Dios. El término agápē no describe una emoción cambiante, sino un amor volitivo (perteneciente a la voluntad), decidido y comprometido, que nace en Dios mismo.

    El amor de Dios no responde a nuestra constancia, sino a Su carácter (1 Juan 4:8). Tu seguridad no descansa en cuánto amas a Dios, sino en cuánto Dios te ama en Cristo. La invitación del evangelio no se basa en tu capacidad de cambiar, sino en la fidelidad de Dios para salvar.

    2. “Estoy seguro”: la certeza apostólica. Pablo comienza diciendo: “estoy seguro”. Palabra clave: πέπεισμαι (pepeismai) – “estar plenamente convencido”. Este verbo está en perfecto pasivo, indicando una convicción establecida en el pasado con efectos permanentes. Pablo no dice “espero” o “supongo”, sino “estoy firmemente convencido”. Este mismo verbo aparece en Romanos 8:38 y 2 Timoteo 1:12:

“porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro de que es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel día.”

    La fe bíblica no es fe ciega, sino confianza razonada en un Dios fiel. El cristianismo no exige suspender la razón, sino examinar la evidencia del carácter de Dios.

    3. Nada creado puede separarnos: una lista exhaustiva. Pablo presenta una lista que abarca todas las dimensiones de la existencia: tiempo, espacio, poder espiritual y realidad material. Frase clave: “ni ninguna otra cosa creada”. Aquí Pablo cierra cualquier posible excepción.

    Si el creyente pudiera perder su salvación, entonces él mismo, como criatura, sería una excepción a esta afirmación. Pero Pablo explícitamente lo niega.

    Esto armoniza con algunas otras Escrituras: Juan 10:28–29, “nadie las arrebatará de mi mano”. Filipenses 1:6, “el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará”. Efesios 1:13–14, “sellados con el Espíritu Santo… las arras de nuestra herencia”. Tus caídas no sorprenden a Dios ni anulan Su propósito eterno. La salvación cristiana no es frágil ni provisional, sino segura y eterna. En ninguna manera debemos abusar de este beneficio para ser libertinos en esta gracia. (Romanos 6:1-2). (*).

    4. ¿Y los textos que parecen decir que se pierde la salvación? Una exégesis honesta debe enfrentar los textos difíciles. El ejemplo lo tenemos en Hebreos 6:4–6. Este pasaje describe personas que experimentaron bendiciones espirituales, pero nunca fueron regeneradas. La Biblia distingue entre profesión externa y posesión interna de la fe (1 Juan 2:19). Jesús mismo dijo: “Nunca os conocí” (Mateo 7:23), no dijo: “os conocí y luego os perdí”.

    La verdadera fe persevera porque es sostenida por Dios (1 Pedro 1:5). La religiosidad no sustituye una relación viva con Cristo.

    5. La salvación es obra de Dios, no del hombre. Palabra clave: σῴζω (sōzō) – “salvar”. En el NT, este verbo implica rescatar completamente, no parcialmente. Jonás 2:9 declara: “La salvación es de Jehová”. Si la salvación dependiera de nosotros para mantenerse, nunca estaría segura.

    Si no nos salvamos a nosotros mismos, tampoco nos preservamos a nosotros mismos. La seguridad eterna produce gratitud, no libertinaje (Romanos 6:1–2). La gracia no minimiza el pecado; lo vence en la cruz, como ya hemos mencionado antes.(*)

    Romanos 8:39 no es una licencia para vivir sin compromiso, sino una invitación a vivir desde la seguridad, no desde el miedo. La salvación no se pierde porque: Fue planeada por el Padre (Efesios 1:4), Comprada por el Hijo (Juan 19:30) y Sellada por el Espíritu Santo (Efesios 4:30).

    Si algo pudiera separarnos del amor de Dios, entonces Romanos 8 no sería una promesa, sino una ilusión. Pero Pablo afirma con certeza inquebrantable: Nada. Absolutamente nada, nos podrá separar de Dios y de su eterno amor! ¿Tienes tu esa seguridad?

Esta sección tiene como meta, presentar información oportuna, interesante y hasta curiosa para el
 conocimiento sobre Dios y tu futuro eterno. 

                      

 Si ha sido de provecho compártelo en tus redes sociales, para que otros también sean bendecidos.

síguenos en:
 instagram: serginho6767
facebook: maná diario

ivoox: maná diario

No hay comentarios:

Publicar un comentario