Las llamadas Siete Palabras de Cristo en la cruz no son meros recuerdos piadosos de la religión profesante. Son declaraciones teológicas densas, cuidadosamente preservadas por los evangelistas, que revelan quién es Dios, quién es el ser humano y cómo se produce la reconciliación entre ambos. Como señalaría John Lennox, el cristianismo no evade el sufrimiento: lo explica, lo asume y lo redime.
1. Palabra de perdón: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Lucas 23:34. Jesús no comienza la crucifixión con una acusación, sino con una intercesión. El verbo griego aphíēmi(perdonar) implica liberar, dejar ir una deuda. La ignorancia mencionada —“no saben lo que hacen”— no niega la responsabilidad moral, pero subraya la ceguera espiritual del ser humano frente a Dios. Jesús intercede incluso en el momento de la ejecución. Es la culminación de su enseñanza sobre el amor a los enemigos (cf. Mt 5:44).
2. Palabra de salvación: «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso». Lucas 23:43. La salvación es gracia inmediata, no mérito. El “buen ladrón” representa a la humanidad pecadora acogida por la misericordia divina. Jesús responde al ruego del ladrón arrepentido con una afirmación solemne: amēn soi legō (“de cierto te digo”). La salvación es inmediata (hoy), relacional (conmigo) y escatológica (Paraíso). No hay tiempo para obras, rituales o méritos. Solo fe desnuda. Este hombre representa a la humanidad culpable que no puede salvarse a sí misma.
3. Palabra de filiación y entrega: «Mujer, ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre». Juan 19:26–27. Jesús funda una nueva familia espiritual. María pudiera ser figura de la Iglesia; y el discípulo amado, del creyente. Jesús, en medio del sufrimiento extremo, crea una nueva relación. El uso de “mujer” no es despectivo, sino solemne. Aquí se funda una nueva familia espiritual, no basada en la sangre, sino en la fe.
4. Palabras de un abandono solitario y angustioso: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Mateo 27:46; Marcos 15:34, (cf. Salmo 22:1). No es desesperación, sino oración. Jesús asume el sufrimiento humano más radical, citando un salmo que termina en esperanza. Aquí Cristo experimenta el abandono que corresponde al pecado humano. Paradójicamente, es el momento de mayor obediencia.
5. Palabra de sufrimiento humano: «Tengo sed». Juan 19:28. Expresa tanto la sed física como el anhelo mesiánico de que la humanidad acoja la salvación. Esta frase cumple las Escrituras (Salmo 69:21) y revela la plena humanidad de Cristo. Pero también apunta a una sed más profunda: el anhelo de que la humanidad responda al amor de Dios. El que ofreció “agua viva” ahora experimenta la sequedad total mas profunda.
6. Palabra de solvencia: «Consumado es, Todo está cumplido». Juan 19:30. No es derrota, sino consumación. El plan salvífico del Padre llega a su plenitud. El término griego tetélestai significa “completado plenamente”. Era usado en contextos comerciales para indicar una deuda saldada. No es un suspiro de derrota, sino un grito de victoria. El plan redentor del Padre había llegado a su clímax.
7. Palabra de entrega confiada: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Lucas 23:46, (cf. Salmo 31:5). Jesús muere en acto de total confianza filial. La muerte es transformada en entrega. Jesús muere citando un salmo de confianza. La muerte no le es arrebatada; Él la entrega. El espíritu vuelve al Padre en un acto consciente de fe filial. La cruz no termina en caos, sino en confianza.
Las Siete Palabras recorren un itinerario espiritual completo:
- perdón → salvación → comunión → sufrimiento → consumación → abandono confiado.
Lejos de ser frases aisladas, forman una sinfonía teológica donde la justicia y la gracia se abrazan. En la cruz, Dios no explica el mal desde lejos: lo asume, lo vence y lo transforma.

No hay comentarios:
Publicar un comentario