Una Frase que Desconcierta: El Evangelio de Marcos está construido con una economía de palabras que no admite adornos superfluos. Por eso, cuando el evangelista emplea una expresión que a primera lectura parece secundaria, debemos detenernos y escuchar con atención. En Marcos 6:48, tras relatar que Jesús caminaba sobre el mar en la cuarta vigilia de la noche, el texto dice con una sencillez que desarma: «y quería adelantarseles» (καὶ ἤθελεν παρελθεῖν αὐτούς). La pregunta que surge de inmediato es: ¿por qué Jesús, al ver a sus discípulos agotados remando contra el viento, no se acerca directamente a socorrerlos, sino que manifiesta la intención de «pasar junto a ellos» o «pasar de largo»? La respuesta no se encuentra en la mera narrativa del milagro, sino en el eco profundo que esta frase despierta en las Escrituras hebreas, especialmente en la tradición de la Septuaginta.
Analicemos la exégesis del texto: Marcos 6:45-48: El contexto inmediato es revelador. Jesús acaba de multiplicar los panes y los peces, un signo que ya debería haber inclinado el corazón de los discípulos hacia la comprensión de su identidad. Sin embargo, Marcos nos advierte que ellos no entendieron, porque su corazón estaba endurecido (Marcos 6:52). En esta condición de ceguera espiritual, los discípulos son enviados al mar en una barca, mientras Jesús se retira al monte a orar. La imagen pudiera evoca deliberadamente a Moisés en el Sinaí: el líder sobre el monte, el pueblo en la llanura, y la presencia de Dios mediando entre ambos.
Cuando el viento contrario azota la barca, los discípulos luchan contra las olas. A la madrugada —la «cuarta vigilia», entre las tres y las seis de la mañana, momento de máxima oscuridad y desesperación—, Jesús viene hacia ellos caminando sobre el mar. Este detalle no es meramente descriptivo; es una afirmación cristológica. En el mundo antiguo, caminar sobre las aguas era prerrogativa exclusiva del Dios de Israel (cf. Job 9:8 LXX). Pero el clímax no está solo en el andar sobre las olas, sino en la intención de Jesús: quería pasar junto a ellos adelantandolos.
El verbo griego es παρέρχομαι (parerchomai), que en la Septuaginta funciona como «casi un término técnico para una epifanía divina». Jesús no venía simplemente a calmar la tormenta, como ya lo había hecho en Marcos 4:39. Esta vez, venía a revelarse. Su propósito era que los discípulos fueran testigos oculares de una manifestación divina, una teofanía en medio del mar, semejante a las que experimentaron los grandes profetas del Antiguo Testamento.
Es curioso y divinamente coincidente que en la versión bíblica de la Septuaginta se repita esa misma frase. La pregunta que me planteo es precisa: ¿aparece la frase exacta «y quería adelantarseles» en la Septuaginta, particularmente en 1 Reyes 19:11 u otros pasajes? La respuesta exige honestidad textual. La frase exacta καὶ ἤθελεν παρελθεῖν αὐτούs no se encuentra textualmente en la LXX. Es una construcción única del evangelista Marcos. Sin embargo, el verbo y el concepto teológico subyacente sí están profundamente arraigados en la tradición de la Septuaginta.
En 1 Reyes 19:11 (LXX). En el hebreo, el texto dice: «He aquí, Yahvé va a pasar» (וְהִנֵּה יְהוָה עֹבֵר). La Septuaginta traduce: ἰδοὺ παρελεύσεται κύριος («he aquí, el Señor pasará»). Elías, refugiado en una cueva del monte Horeb, recibe la instrucción de salir y ponerse delante del Señor, porque el Señor está a punto de «pasar». Lo que sigue es una teofanía inesperada: el viento, el terremoto y el fuego no contienen la presencia de Dios; esta se manifiesta finalmente en una «voz apacible y pequeña».
La conexión con Marcos 6 es asombrosa. En ambos casos, la «pasada» divina ocurre en un contexto de tempestad y miedo. En ambos casos, los testigos humanos (Elías, los discípulos) están en una situación de vulnerabilidad extrema. Y en ambos casos, la manifestación de Dios trasciende lo espectacular: no está en el viento ni en el terremoto, sino en la palabra que sigue a la teofanía. Para Marcos, Jesús es el Señor que «pasa» junto a su pueblo, no para destruir, sino para revelar su gloria a sus hijos.
Pero no solo lo hace en el texto antes citado sino también en Éxodo 33:19-22 (LXX). Otra referencia crucial es la teofanía de Moisés. Cuando Moisés pide ver la gloria de Dios, el Señor responde: ἐγὼ παρελεύσομαι πρότερός σου τῇ δόξῃ μου («yo pasaré delante de ti con mi gloria»). Y en el versículo 22: ἡνίκα δ᾽ ἂν παρέλθῃ μου ἡ δόξα... ἕως ἂν παρέλθω («cuando pase mi gloria... hasta que yo pase»). Aquí, el «pasar» de Dios está íntimamente ligado a la revelación de su gloria. Dios no puede ser visto directamente por el hombre mortal, pero su «paso» permite una visión indirecta, una revelación que protege y salva al que esta delante de ella.
Job 9:8-11 (LXX). añade otra capa de significado. Job declara que Dios es el único que «camin sobre las olas del mar» (περιπατῶν ὡς ἐπʼ ἐδάφους ἐπὶ θαλάσσης, vrs. 8), y añade: ἐὰν παρέλθῃ με, οὐδ᾿ ὧς ἔγνων («si pasa por mí, ni así lo conocí»). En Marcos 6, Jesús camina sobre el mar (como Dios en Job 9:8) y quiere «pasar» (como Dios en Job 9:11), pero los discípulos, al igual que Job, no lo perciben; más aún, gritan de terror creyendo ver un fantasma. La ironía es devastadora: la gloria que debería ser reconocida es confundida con un espectro de muerte.
Otras Referencias en la Septuaginta: El verbo παρέρχομαι (pasar), aparece en otros contextos teofánicos y salvíficos en la LXX que enriquecen nuestra comprensión:
- - Éxodo 12:23 (LXX): En la Pascua, el Señor παρελεύσεται («pasará») las puertas con sangre en los dinteles, salvando a los primogénitos. El «pasar» de Dios aquí es un acto de juicio y misericordia simultáneos.
- - Éxodo 34:6 (LXX): «Y el Señor pasó por delante de él [Moisés]» (παρέρχομαι), proclamando su nombre y sus atributos de gracia. Este «pasar» es una auto-revelación del carácter de Dios.
- - Génesis 18:3 (LXX): Abraham dice al ángel: «Señor, si he hallado gracia ante tus ojos, no pases de largo de tu siervo» (μὴ παρέλθῃς τὸν παῖδά σου). Aquí, el «pasar de largo» implica la posibilidad de que la presencia divina no se detenga, y Abraham suplica que se quede.
En todos estos textos, el «pasar» de Dios no es un mero desplazamiento físico, sino un evento teológico profundo: es la manifestación de la gloria, la presencia salvífica, el juicio misericordioso y la revelación del nombre de Dios.
«Y quería adelantarseles» (Marcos 6:48). Una frase pequeña que revela Una teología inmensa!










