miércoles, 5 de agosto de 2026

Cuando Dios «Pasa de Largo»: La Teología Oculta en Marcos 6:48.txt no. 192.

    

    Una Frase que Desconcierta: El Evangelio de Marcos está construido con una economía de palabras que no admite adornos superfluos. Por eso, cuando el evangelista emplea una expresión que a primera lectura parece secundaria, debemos detenernos y escuchar con atención. En Marcos 6:48, tras relatar que Jesús caminaba sobre el mar en la cuarta vigilia de la noche, el texto dice con una sencillez que desarma: «y quería adelantarseles» (καὶ ἤθελεν παρελθεῖν αὐτούς). La pregunta que surge de inmediato es: ¿por qué Jesús, al ver a sus discípulos agotados remando contra el viento, no se acerca directamente a socorrerlos, sino que manifiesta la intención de «pasar junto a ellos» o «pasar de largo»? La respuesta no se encuentra en la mera narrativa del milagro, sino en el eco profundo que esta frase despierta en las Escrituras hebreas, especialmente en la tradición de la Septuaginta.

    Analicemos la exégesis del texto: Marcos 6:45-48: El contexto inmediato es revelador. Jesús acaba de multiplicar los panes y los peces, un signo que ya debería haber inclinado el corazón de los discípulos hacia la comprensión de su identidad. Sin embargo, Marcos nos advierte que ellos no entendieron, porque su corazón estaba endurecido (Marcos 6:52). En esta condición de ceguera espiritual, los discípulos son enviados al mar en una barca, mientras Jesús se retira al monte a orar. La imagen pudiera evoca deliberadamente a Moisés en el Sinaí: el líder sobre el monte, el pueblo en la llanura, y la presencia de Dios mediando entre ambos.

    Cuando el viento contrario azota la barca, los discípulos luchan contra las olas. A la madrugada —la «cuarta vigilia», entre las tres y las seis de la mañana, momento de máxima oscuridad y desesperación—, Jesús viene hacia ellos caminando sobre el mar. Este detalle no es meramente descriptivo; es una afirmación cristológica. En el mundo antiguo, caminar sobre las aguas era prerrogativa exclusiva del Dios de Israel (cf. Job 9:8 LXX). Pero el clímax no está solo en el andar sobre las olas, sino en la intención de Jesús: quería pasar junto a ellos adelantandolos.

    El verbo griego es παρέρχομαι (parerchomai), que en la Septuaginta funciona como «casi un término técnico para una epifanía divina». Jesús no venía simplemente a calmar la tormenta, como ya lo había hecho en Marcos 4:39. Esta vez, venía a revelarse. Su propósito era que los discípulos fueran testigos oculares de una manifestación divina, una teofanía en medio del mar, semejante a las que experimentaron los grandes profetas del Antiguo Testamento.

    Es curioso y divinamente coincidente que en la versión bíblica de la Septuaginta se repita esa misma frase. La pregunta que me planteo es precisa: ¿aparece la frase exacta «y quería adelantarseles» en la Septuaginta, particularmente en 1 Reyes 19:11 u otros pasajes? La respuesta exige honestidad textual. La frase exacta καὶ ἤθελεν παρελθεῖν αὐτούs no se encuentra textualmente en la LXX. Es una construcción única del evangelista Marcos. Sin embargo, el verbo y el concepto teológico subyacente sí están profundamente arraigados en la tradición de la Septuaginta.

    En 1 Reyes 19:11 (LXX). En el hebreo, el texto dice: «He aquí, Yahvé va a pasar» (וְהִנֵּה יְהוָה עֹבֵר). La Septuaginta traduce: ἰδοὺ παρελεύσεται κύριος («he aquí, el Señor pasará»). Elías, refugiado en una cueva del monte Horeb, recibe la instrucción de salir y ponerse delante del Señor, porque el Señor está a punto de «pasar». Lo que sigue es una teofanía inesperada: el viento, el terremoto y el fuego no contienen la presencia de Dios; esta se manifiesta finalmente en una «voz apacible y pequeña».

    La conexión con Marcos 6 es asombrosa. En ambos casos, la «pasada» divina ocurre en un contexto de tempestad y miedo. En ambos casos, los testigos humanos (Elías, los discípulos) están en una situación de vulnerabilidad extrema. Y en ambos casos, la manifestación de Dios trasciende lo espectacular: no está en el viento ni en el terremoto, sino en la palabra que sigue a la teofanía. Para Marcos, Jesús es el Señor que «pasa» junto a su pueblo, no para destruir, sino para revelar su gloria a sus hijos.

    Pero no solo lo hace en el texto antes citado sino también en Éxodo 33:19-22 (LXX). Otra referencia crucial es la teofanía de Moisés. Cuando Moisés pide ver la gloria de Dios, el Señor responde: ἐγὼ παρελεύσομαι πρότερός σου τῇ δόξῃ μου («yo pasaré delante de ti con mi gloria»). Y en el versículo 22: ἡνίκα δ᾽ ἂν παρέλθῃ μου ἡ δόξα... ἕως ἂν παρέλθω («cuando pase mi gloria... hasta que yo pase»). Aquí, el «pasar» de Dios está íntimamente ligado a la revelación de su gloria. Dios no puede ser visto directamente por el hombre mortal, pero su «paso» permite una visión indirecta, una revelación que protege y salva al que esta delante de ella.

    Job 9:8-11 (LXX). añade otra capa de significado. Job declara que Dios es el único que «camin sobre las olas del mar» (περιπατῶν ὡς ἐπʼ ἐδάφους ἐπὶ θαλάσσης, vrs. 8), y añade: ἐὰν παρέλθῃ με, οὐδ᾿ ὧς ἔγνων («si pasa por mí, ni así lo conocí»). En Marcos 6, Jesús camina sobre el mar (como Dios en Job 9:8) y quiere «pasar» (como Dios en Job 9:11), pero los discípulos, al igual que Job, no lo perciben; más aún, gritan de terror creyendo ver un fantasma. La ironía es devastadora: la gloria que debería ser reconocida es confundida con un espectro de muerte.

    Otras Referencias en la Septuaginta: El verbo παρέρχομαι (pasar), aparece en otros contextos teofánicos y salvíficos en la LXX que enriquecen nuestra comprensión:

  • - Éxodo 12:23 (LXX): En la Pascua, el Señor παρελεύσεται («pasará») las puertas con sangre en los dinteles, salvando a los primogénitos. El «pasar» de Dios aquí es un acto de juicio y misericordia simultáneos.
  • - Éxodo 34:6 (LXX): «Y el Señor pasó por delante de él [Moisés]» (παρέρχομαι), proclamando su nombre y sus atributos de gracia. Este «pasar» es una auto-revelación del carácter de Dios.
  • - Génesis 18:3 (LXX): Abraham dice al ángel: «Señor, si he hallado gracia ante tus ojos, no pases de largo de tu siervo» (μὴ παρέλθῃς τὸν παῖδά σου). Aquí, el «pasar de largo» implica la posibilidad de que la presencia divina no se detenga, y Abraham suplica que se quede.

    En todos estos textos, el «pasar» de Dios no es un mero desplazamiento físico, sino un evento teológico profundo: es la manifestación de la gloria, la presencia salvífica, el juicio misericordioso y la revelación del nombre de Dios.    

    «Y quería adelantarseles» (Marcos 6:48). Una frase pequeña que revela Una teología inmensa!

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miércoles, 29 de julio de 2026

Grupos de personas al pie de la cruz, Lucas 23:35; 36; 39; 47-49.txt no. 191.


Al pie de la cruz se agrupan distintos rostros, distintas actitudes, distintas respuestas ante el mismo acontecimiento. Y, sin embargo, aunque los siglos han pasado, esos mismos grupos siguen existiendo hoy. La pregunta no es solo quiénes estaban allí, sino en cuál de esos grupos nos encontramos nosotros y que actitud tomaremos.

    Hay momentos en la historia en los que el tiempo parece detenerse, y la crucifixión de Jesús es, sin duda, uno de ellos. Lucas nos invita a contemplar la escena no solo como un hecho, sino como un espejo del corazón humano.  La cruz no solo revela quién es Cristo; también revela quiénes somos nosotros.

    “Y el pueblo estaba mirando” (Lucas 23:35). El primer grupo es el de los espectadores pasivos: “Y el pueblo estaba mirando”. No gritan, no insultan, no actúan. Simplemente observan. Hay en esta actitud una inquietante neutralidad pasiva. No se oponen a Cristo, pero tampoco se comprometen con Él. Es la fe aplazada, la decisión diferida, el interés sin entrega. Como diría alguién, la evidencia no obliga, pero sí invita; y quedarse mirando es, en última instancia, una decisión disfrazada de indecisión.

    Hoy abundan quienes “miran” a Jesús: leen sobre Él, escuchan mensajes, incluso se conmueven momentáneamente, pero no dan el paso de rendirse a su señorío. La cruz, sin embargo, no fue diseñada para ser contemplada a distancia, sino para provocar una respuesta.

    Luego están los que participan activamente en el desprecio: “Los soldados también le escarnecían”(Lucas 23:36) . Aquí no hay neutralidad, hay burla. El sufrimiento de Cristo se convierte en espectáculo, y su identidad es objeto de ridiculización. La ironía es profunda: aquellos que se burlan del “Rey” lo hacen sin darse cuenta de que están frente al verdadero Rey.

    Este grupo no ha desaparecido. Hoy se expresa en el escepticismo militante, en la trivialización de la fe, en el uso del nombre de Jesús como objeto de burla cultural. Pero la burla, lejos de refutar la verdad, a menudo revela una incomodidad más profunda. Porque la cruz confronta: si Cristo es quien dice ser, entonces nuestras vidas necesitan un cambio radical.

    Más cerca de la cruz encontramos una voz distinta, pero igualmente trágica: “Y uno de los malhechores que estaba colgado le injuriaba” (Lucas 23:39). Este hombre no es un espectador ni un soldado; es alguien que sufre. Y, sin embargo, su sufrimiento no lo conduce al arrepentimiento, sino al desprecio. Su dolor se convierte en argumento contra Dios.

    Este es un grupo especialmente relevante hoy. Muchas personas rechazan a Dios no desde la indiferencia ni desde la burla, sino desde la herida. “Si Dios es bueno, ¿por qué sufro?”. Es una pregunta legítima, pero la respuesta no se encuentra alejándose de la cruz, sino acercándose a ella. Porque en la cruz vemos a un Dios que no es ajeno al sufrimiento, sino que lo asume. No es un Dios que explica el dolor desde la distancia, sino que lo experimenta en carne propia.

    Y, sin embargo, el relato no termina ahí. Lucas introduce otra figura: “Cuando el centurión vio lo que había acontecido” (Lucas 23:47). Este hombre representa una transición: de la observación a la comprensión, de la distancia a la confesión. Él ve lo mismo que todos, pero no concluye lo mismo que todos. Donde otros ven derrota, él percibe justicia; donde otros ven un condenado, él reconoce inocencia.

    La diferencia no está en la evidencia, sino en la disposición del corazón. La cruz no cambia; lo que cambia es la interpretación. Este centurión nos recuerda que incluso en medio del caos, es posible reconocer la verdad. La fe no es un salto al vacío, sino una respuesta a lo que se ha visto y entendido.

    A continuación, Lucas amplía el cuadro: “Y toda la multitud de los que estaban presentes” (Lucas 23:48). Esta multitud, que antes miraba, ahora reacciona. El texto sugiere una transformación emocional; algo ha cambiado. La cruz ha dejado de ser un espectáculo y se ha convertido en una confrontación. Ya no es simplemente algo que ocurre; es algo que me interpela.

    Esto nos lleva a una verdad crucial: nadie permanece igual después de enfrentarse genuinamente con la cruz. Puede haber rechazo, puede haber fe, puede haber confusión, pero nunca indiferencia verdadera. La cruz divide la historia, pero también divide corazones.

    Finalmente, encontramos un grupo distinto: “Pero todos sus conocidos y las mujeres” (Lucas 23:49). Ellos no se burlan ni observan desde la distancia; permanecen. Su postura es de cercanía, de dolor compartido, de fidelidad silenciosa. No entienden todo, pero no abandonan. No tienen todas las respuestas, pero tienen una relación.

    Este grupo nos enseña que la fe no siempre es claridad intelectual inmediata, sino perseverancia relacional. Permanecer cerca de Cristo, incluso cuando no comprendemos completamente, es en sí mismo un acto de fe profunda. La cercanía, en medio del misterio, es una forma de confianza.

    Así, al pie de la cruz encontramos seis grupos: los que miran, los que se burlan, los que sufren y rechazan, los que reconocen, la multitud que reacciona, y los que permanecen. Y todos ellos nos invitan a examinarnos.

    Para el creyente, la pregunta es clara: ¿estamos simplemente mirando, o estamos permaneciendo? ¿Nuestra fe es distante o comprometida? La cruz nos llama a una cercanía que transforma, a una fidelidad que no depende de la comprensión total, sino del amor y la confianza.

    Para el incrédulo, la cruz sigue siendo una invitación abierta. No se trata de ignorar las preguntas difíciles, sino de llevarlas precisamente al lugar donde Dios mismo enfrentó el sufrimiento. La cruz no elimina el misterio, pero redefine el carácter de Dios en medio de él. 

    ¿En que grupo te encuentras? Porque, al final, la cruz no es solo un evento histórico; es una revelación continua. Y cada vez que nos acercamos a ella, volvemos a escuchar la misma pregunta implícita: ¿dónde estás tú, entre los grupos al pie de la cruz?

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lunes, 20 de julio de 2026

La manera correcta de acercarse a Dios.txt, no. 190.

  Para el creyente, esta parábola es una advertencia permanente contra la religión de la suficiencia. La oración no puede ser autocongratulación. Muchas veces, incluso dentro de la iglesia, se oraba como el fariseo: “Dios, gracias que no soy como los otros; soy fiel, ayuno, doy, soy disciplinado”. La oración correcta es: “Dios, sé misericordioso conmigo, aunque soy tu hijo”.

    La justicia del creyente es recibida, no construida. El creyente es declarado justo (δικαιωθὲν) por Dios, no por sus obras. Las obras son fruto de la justicia recibida, no su causa.

    La humildad debe ser constante. La parábola no dice que el fariseo era malo en sí mismo, sino que su actitud era de autoexaltación. El creyente puede caer en la misma actitud: comparar su vida con la de otros, sentirse “más fiel”, “más santo”, “más disciplinado”. La comparación con otros es peligrosa. El fariseo se justificó comparándose con “los otros”. El creyente debe compararse con Cristo, no con los hermanos. La medida de la santidad es la imagen de Cristo, no el nivel de pecado de los demás.

La manera correcta de acercarse a Dios para el creyente y cualquiera es:

  • Reconocer que su justicia es solo en Cristo, no en sus obras.
  • Orar constantemente como el recaudador: “Dios, sé misericordioso conmigo”.
  • Mantener una actitud de humildad, incluso cuando se observa crecimiento espiritual.

    Para el incrédulo, la parábola es una invitación directa a abandonar la autojustificación y a aceptar la misericordia divina. El reconocimiento del pecado es el primer paso. No se puede acercarse a Dios diciendo: “Yo soy bueno, yo no necesito nada”. La parábola muestra que el único que es “justificado” es el que dice: “Soy pecador”.

    La misericordia es gratuita, no es salario. El recaudador no ofrece obras; solo pide misericordia. Para el incrédulo, esto significa que no necesita “ser bueno primero” para acercarse a Dios; necesita simplemente reconocer su necesidad y pedir perdon.

    La humildad es la única puerta. La sentencia final (“todo que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”) aplica a todos. El incrédulo que se considera “más inteligente”, “más libre”, “más racional” que los creyentes, y que se enaltece por eso, está en la misma categoría del fariseo.

    La oración del recaudador es modelo para el incrédulo. “Dios, sé misericordioso conmigo, el pecador” es una oración que cualquiera puede decir, sin necesidad de conocimientos teológicos, sin ritos, sin obras. Es la puerta de entrada a la relación con Dios.

    El fariseo representa la religiosidad que cree que Dios le acepta por sus obras; el recaudador representa la verdadera fe que acepta que solo la misericordia de Dios lo hace justo. La conclusión de Jesús (“todo que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”) es el principio universal que valida esta enseñanza para ambos, creyente e incrédulo.

    En términos griegos, la justicia (δικαίωσις) es un acto de Dios sobre el hombre que se humilla; no es un resultado de la autoexaltación. La manera correcta de acercarse a Dios es, por tanto, la misma que el recaudador:  “Ὁ Θεός, ἱλάσθητι μοι τῷ ἁμαρτωλῷ”. "Dios sé propicio a mi un pecador".

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miércoles, 15 de julio de 2026

Galilea: El escenario principal del ministerio de Jesús.txt, no. 189.

    Galilea constituye el escenario fundamental del ministerio público de Jesús, no solo como marco geográfico, sino como espacio teológico donde se manifiesta el Reino de Dios en su forma más accesible. Tras el encarcelamiento de Juan el Bautista (Mt 4:12), Jesús se establece en esta región y comienza a proclamar: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mt 4:17). Los evangelios sinópticos coinciden en presentar a Galilea como el epicentro de su actividad: allí enseña, sana y reúne discípulos (Mt 4:23-25; Mc 1:14-15; Lc 4:14-15). Este dato no es incidental; revela un patrón divino en el que Dios elige lo periférico antes que lo central, lo cotidiano antes que lo prestigioso. Incluso la identificación de Jesús como “el galileo” (Mt 26:69; Mc 14:70) refleja cómo su misión quedó asociada a un entorno considerado marginal.

    Esta centralidad de Galilea se comprende mejor al considerar la identidad y base ministerial de Jesús. Aunque nace en Belén conforme a la profecía mesiánica (Miq 5:2; Mt 2:1), es criado en Nazaret (Mt 2:23; Lc 2:39-40), una localidad sin prestigio (cf. Jn 1:46). Más adelante, establece su residencia operativa en Cafarnaúm (Mt 4:13), cumpliendo así la profecía de Isaías sobre la luz que resplandece en Galilea (Is 9:1-2; Mt 4:14-16). Este movimiento geográfico no es casual, sino teológicamente intencional: Dios revela su gloria en lugares despreciados, redefiniendo así los criterios humanos de importancia. La identidad de Jesús no queda determinada por la percepción social de Nazaret, sino por su obediencia al propósito del Padre. De igual modo, el creyente es llamado a comprender su identidad desde la voluntad divina y no desde su contexto de origen.

    En este mismo entorno galileo tiene lugar el llamado de los primeros discípulos, particularmente a orillas del Mar de Galilea (Mt 4:18-22; Mc 1:16-20; Lc 5:1-11). Jesús se acerca a hombres inmersos en su labor cotidiana —pescadores— y los transforma en “pescadores de hombres”. Este detalle es crucial desde una perspectiva exegética: el llamado no ocurre en un contexto religioso formal, sino en medio del trabajo diario. La iniciativa es de Cristo, y la respuesta requerida es radical: dejarlo todo para seguirle. La metáfora de la pesca se convierte en un paradigma del discipulado y de la misión evangelizadora (Mt 13:47). Así, el texto sugiere que Dios no busca perfección previa, sino disposición obediente. El trabajo ordinario se convierte en plataforma de llamamiento y servicio.

    Galilea también es el escenario donde se concentran muchos de los milagros y enseñanzas de Jesús, lo que refuerza su papel como “aula abierta” del Reino. Milagros como caminar sobre el agua (Mt 14:22-33), calmar la tempestad (Mt 8:23-27) y la multiplicación de los panes (Mt 14:13-21) revelan su autoridad sobre la naturaleza, el caos y la necesidad humana. Sin embargo, estos signos no son fines en sí mismos, sino señales que apuntan a su identidad y misión (Jn 20:30-31). Paralelamente, enseñanzas como el Sermón del Monte (Mt 5–7) exponen la ética del Reino, enfatizando una justicia que trasciende lo externo y se arraiga en el corazón. La relación entre milagro y enseñanza es inseparable: los actos confirman el mensaje, y el mensaje interpreta los actos.

    Desde una perspectiva teológica integral, Galilea simboliza el espacio donde lo divino irrumpe en lo cotidiano. Allí Jesús forma discípulos, revela la verdad y manifiesta el poder del Reino en medio de la vida diaria. Este patrón tiene implicaciones directas para el creyente: Dios continúa obrando en contextos ordinarios, llamando a personas comunes a participar en su misión. La fe, por tanto, no debe fundamentarse únicamente en la experiencia de lo extraordinario, sino en la persona de Cristo y en la obediencia a su Palabra (Mt 7:24-27). Como los primeros discípulos, el creyente es convocado a seguir, aprender y participar activamente en la proclamación del evangelio hasta los confines de la tierra (Mt 28:18-20).

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lunes, 13 de julio de 2026

no. 3, Venezuela | Milagro en Laguaira?.txt

 

    Un milagro en La Guaira. La iglesia al completo comenzó a orar dando gracias a Dios, tomándose de la mano, junto a los escombros del templo.

    En el epicentro de la tragedia que sacudió al estado venezolano de La Guaira, una historia de supervivencia ha emergido con una fuerza estremecedora, casi tanta como el doble terremoto de magnitudes 7.2 y 7.5 que destruyó barrios enteros. Las cifras oficiales rondan ya los 1.000 muertos y 3.000 heridos en este estado costero de 450.000 habitantes.

    En una iglesia evangélica, donde se celebraba un culto en pleno mediodía, todos los feligreses lograron salvarse pese a que el templo quedó reducido a ruinas. La secuencia de hechos, marcada por el caos y la fe, ha sido descrita por los sobrevivientes como un auténtico milagro. Así lo titula incluso el diario El País, conocido por ser un medio laicista y de línea anticristiana.

    El pastor estaba concluyendo el culto cuando el local comenzó a temblar. La iglesia, que estaba aún en construcción y sin las paredes levantadas, se convirtió en un espacio abierto donde los asistentes pudieron ver cómo a su alrededor las torres de 12 pisos se desmoronaban “como mantequilla”.

    Georgina Mejía, una de las feligresas, recuerda el instante en que “la tierra se los tragó de repente”, mientras ella y otras tres mujeres quedaban paralizadas sin moverse, mientras todos corrían para salir de debajo del techo. No podían moverse pensando que sus familias vivían en esos edificios que acababan de ver colapsados.

    Dentro del templo, el techo comenzaba a hundirse. Fue entonces cuando el pastor Israel Tauicen, que había salido corriendo con los primeros temblores, regresó junto a otro miembro de la congregación para rescatar a las mujeres in extremis, segundos antes de que la estructura cediera por completo. “No te daba chance de hacer nada porque el piso se movía. Pero Dios es bueno”, relata Mejía desde el parque de Caraballeda, convertido ahora en refugio improvisado para los damnificados.

Venezuela | Congregación evangélica entera sobrevive mientras alrededor torres de 12 pisos se desmoronaban ‘como mantequilla’

Georgina Mejía, Luis Puello e Israel Tahuicen (con la Biblia en la mano) en el parque Carballeda

    En medio de la devastación, la congregación que había sobrevivido milagrosamente al terremoto no tuvo otra reacción que dar gracias a Dios, y tomándose todos de las manos junto a los escombros del templo comenzaron a orar entre polvo, humo y edificios incendiándose.

    La escena en Caraballeda es desoladora, pero queda para la historia el hecho milagroso: “Dios quiso que nos salváramos”, repite Mejía, convencido de la idea de que, entre tanta destrucción, la vida y la mano de Dios se abrieron paso de manera inexplicable.

    Hasta el último miembro fue salvo.

    Incluso uno de los miembros de la iglesia que no pudo acudir al culto se salvó con un testimonio impactante. Luis Pueyo, conductor de camiones de 52 años, estaba en la ducha cuando las paredes de su apartamento (cercano a la iglesia) se cerraron formando un triángulo. Sin tiempo para pensar, saltó desnudo por la ventana del segundo piso de una torre de 12 plantas: “Me tiré sin pensarlo porque lo que tenía encima eran 12 pisos”. Con la rodilla destrozada, avanzó entre el polvo hasta la iglesia, donde el pastor le hizo un torniquete con su propia camisa para detener la hemorragia.

Tomado del: Canal de Evangélico Digital en WhatsApp, actualizado al minuto con los artículos y noticias publicados

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viernes, 10 de julio de 2026

3 personajes que no reconocieron al Señor cuando se les apareció.txt, no. 188.

    

    La Escritura nos muestra repetidamente una tensión espiritual en la vida del seguidor de Cristo: el Señor está presente, activo y cercano, pero el ser humano no siempre le reconoce. No se trata de ausencia divina, sino de percepción espiritual limitada. En tres escenas bíblicas —María en el sepulcro (Juan 20:11–18), Josué frente al Príncipe del ejército de Jehová (Josué 5:13–15) y los discípulos camino a Emaús (Lucas 24:13–35)— encontramos un patrón teológico profundo: Dios se revela, pero el corazón humano, condicionado por el dolor, la expectativa o la confusión, no discierne su presencia. Este mensaje nos invita a examinar por qué no le reconocemos y cómo podemos aprender a verle hoy.

    En primer lugar, María Magdalena en el huerto representa el corazón devoto pero quebrantado. El texto enfatiza su llanto (“estaba fuera llorando”) y su insistente búsqueda de un cuerpo (“se han llevado a mi Señor”) Ella buscaba al Señor en el sitio erróneo y de la forma equivocada. María ama, pero interpreta la realidad desde su dolor. Cuando Jesús se le aparece, ella lo confunde con el hortelano. Aquí emerge una verdad clave: el dolor puede nublar la percepción espiritual. No es falta de amor, sino una hermenéutica afectada por la pérdida. Jesús no se revela con un discurso teológico, sino con una palabra personal: “¡María!”. Solo nuestro buen Pastor nos puede llamar de una manera tan personal! El reconocimiento ocurre cuando la Palabra se vuelve personal. Para el creyente hoy, esto implica que el Señor muchas veces no será reconocido en medio del duelo hasta que su voz atraviese nuestra aflicción. La lección es clara: no basta con buscar a Jesús; debemos aprender a escucharle y estar claros en donde y de que manera buscarlo. La intimidad espiritual no es solo devoción emocional, sino sensibilidad a su voz.

    En segundo lugar, Josué se encuentra con un varón con una espada desenvainada antes de la conquista de Jericó. Su pregunta es reveladora: “¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos?”. Josué interpreta la realidad en términos de bandos humanos. Pero la respuesta divina rompe esa categoría: “No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora”. Aquí no hay reconocimiento inmediato porque Josué está operando bajo un paradigma estratégico, no teológico. Él ve un conflicto militar; Dios revela una autoridad soberana. La palabra clave es “Príncipe” (Sar), que implica gobierno, mando y supremacía. El problema no es que Josué no vea a Dios, sino que quiere ubicar a Dios dentro de un lado especifíco. La pregunta no es si Dios esta de nuestro lado sino en que lado nos encontramos nosotros. El reconocimiento ocurre cuando Josué cae rostro en tierra y pregunta: “¿Qué dice mi Señor a su siervo?”. La lección para hoy es contundente: no discernimos la presencia de Dios cuando intentamos instrumentalizarlo para nuestros planes. El Señor no viene a tomar partido; Él viene a tomar el control. Reconocerle implica rendición absoluta, no negociación personal y egoista.

    En tercer lugar, los discípulos camino a Emaús caminan con Jesús, pero “sus ojos estaban velados para que no le conociesen”. Aquí el problema no es emocional como en María, ni conceptual como en Josué, sino interpretativo y de alguna manera impuesto("sus ojos estaban velados"). Ellos tienen información correcta, pero una interpretación equivocada: esperaban un Mesías político, no un Siervo sufriente. Jesús responde no con una manifestación inmediata, sino con una exposición bíblica: “comenzando desde Moisés... les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían”. La palabra clave es “declaraba” (diermēneuō), que implica una explicación detallada, una exégesis. El reconocimiento ocurre en el partimiento del pan, pero es preparado por la enseñanza de la Palabra. Para el creyente actual, esto revela que la falta de reconocimiento de Cristo muchas veces radica en una teología incompleta. Caminamos con Él, pero no lo discernimos porque no entendemos correctamente las Escrituras. La solución no es una experiencia emocional aislada, sino una mente renovada por la Palabra. A todo lo anterior la reacción de los discípulos no se hizo esperar "¿no ardía nuestro corazón cuando nos abría las escrituras?".

    Estas tres escenas convergen en una misma verdad: el Señor está presente, pero necesita ser reconocido espiritualmente. María nos enseña que el dolor debe ser atravesado por la experiencia personal al escuchar la voz de Cristo pronunciando nuestro nombre. Josué nos enseña que la rendición precede al discernimiento. Y los discípulos de Emaús nos enseñan que la Escritura ilumina nuestros ojos para ver al Señor en un ardor ascendente. En cada caso, el reconocimiento no es automático; es el resultado de una intervención divina que transforma la percepción humana.

    Por tanto, la pregunta pastoral para la iglesia hoy no es si Cristo está presente, ya que lo estuvo en cada caso y lo está en nuestras vidas, sino si estamos en condiciones de reconocerle. ¿Estamos escuchando su voz en medio del dolor? ¿Estamos sometiendo nuestros planes y fuerzas a su autoridad? ¿Estamos interpretando nuestra vida a la luz de toda la Escritura? El Señor sigue caminando, hablando y revelándose, pero solo aquellos que afinan su oído, rinden su voluntad y profundizan en la Palabra podrán decir con certeza: “¡Es el Señor!”.

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martes, 7 de julio de 2026

9 definiciones palabra por palabra del fruto del Espíritu Santo, en Gálatas 5:22-23.txt. no. 187.


    En la teología paulina, específicamente en Gálatas 5:22-23, el "fruto del Espíritu" (en griego: karpos) se presenta en singular para denotar una unidad indisoluble producida por la morada del Espíritu Santo en el creyente.

    A continuación, se define cada una de sus nueve manifestaciones desde una perspectiva exegética y lingüística:

​1. Amor (Agapé - ἀγάπη).

    ​No es un mero sentimiento, sino la decisión voluntaria y suprema de buscar el bienestar eterno del otro, reflejando el carácter de Dios. Es el fundamento de todas las demás virtudes (1 Corintios 13).

​2. Gozo (Chara - χαρά).

    Una alegría profunda y estable basada en la relación con Dios y sus promesas. A diferencia de la felicidad mundana, el chara no depende de las circunstancias externas ni de los sufrimientos terrenales.

​3. Paz (Eirene - εἰρήνη).

    Heredera del concepto hebreo Shalom. Implica una total armonía, orden y reconciliación con Dios, consigo mismo y con el prójimo, disipando la ansiedad y el conflicto interior.

​4. Paciencia (Makrothumia - μακροθυμία).

    Literalmente "gran capacidad para el enojo". Es la clemencia, la lentitud para la venganza y la resistencia prolongada ante las ofensas o las pruebas, imitando la paciencia de Dios hacia la humanidad.

​5. Benignidad (Chrestotes - χρηστότης).

    La disposición interna de bondad, dulzura y amabilidad. Es una actitud de gracia que desarma la hostilidad; la benevolencia que busca tratar a los demás con delicadeza y empatía.

​6. Bondad (Agathosune - ἀγαθωσύνη).

    La rectitud moral puesta en acción. A diferencia de la benignidad (que es más pasiva y tierna), la bondad puede incluir la corrección firme o el celo por la justicia, buscando siempre el beneficio práctico del prójimo.

​7. Fe / Fidelidad (Pistis - πίστιis).

    En este contexto ético, se refiere a la lealtad, la constancia y la confiabilidad. Es la cualidad de una persona que es fiel a sus pactos, firme en sus convicciones y absolutamente digna de confianza.

​8. Mansedumbre (Prautes - πραΰτης).

    No es debilidad, sino poder bajo control. En el griego clásico se usaba para describir un caballo salvaje domesticado. Es la sumisión voluntaria a Dios y la suavidad en el trato, renunciando a la autoafirmación violenta.

​9. Templanza / Dominio Propio (Egkrateia - ἐγκράτεια).

    El control sobre las pasiones, deseos e impulsos de la carne. Es la soberanía interna otorgada por el Espíritu Santo para gobernar los propios apetitos en lugar de ser esclavo de ellos.

    Estas cualidades son las que cada creyente en Cristo debe ejercitar cada día en su vida cotidiana. ¿Eres tu uno de nosotros?

Temas relacionados: 16 definiciones de las "obras de la carne", Gal. 5:19-21.

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sábado, 4 de julio de 2026

16 definiciones palabra por palabra de las "obras de la carne", Gal. 5:19-21.txt no. 186.

 

    A continuación describo una definición palabra por palabra, un análisis léxico del texto griego de Gálatas 5:19-21 que revela lo que el apóstol Pablo clasifica como: las «obras de la carne» (erga tes sarkos) en cuatro categorías morales y conductuales claramente definidas.

    Seguidamente, se detalla el significado de cada término utilizando la raíz griega y la precisión de una concordancia bíblica:

​1. Pecados Sexuales.

  • Inmoralidad sexual (Porneia): Se refiere a cualquier relación sexual fuera de los límites del matrimonio bíblico (adulterio, fornicación, la prostitución). Es la raíz de la palabra "pornografía".
  • Impureza (Akatharsia): Inmundicia moral o ritual. Describe pensamientos, palabras y motivos viles que contaminan la vida interior antes de manifestarse externamente.
  • Lascivia / Libertinaje (Aselgeia): Conducta desvergonzada y sin frenos. Es la total ausencia de autodisciplina y el desprecio por la opinión pública o la decencia básica.

​2. Pecados Religiosos.

  • Idolatría (Eidololatria): El culto a imágenes falsas o la acción de colocar cualquier objeto, persona o ambición por encima del Dios verdadero.
  • Hechicería (Pharmakeia): Originalmente significaba el uso de drogas, fármacos y pociones mágicas. En el contexto bíblico, conecta el uso de sustancias con el ocultismo, la brujería y el espiritismo.

​3. Pecados Sociales y de Relación.

  • Enemistades (Echthrai): Una actitud mental de hostilidad permanente, odio arraigado y antipatía hacia el prójimo.
  • Pleitos (Eris): Discordia, riñas y debates nacidos del orgullo. Es el espíritu de rivalidad que destruye la paz.
  • Celos (Zeloi): Envidia amarga o el deseo egoísta de poseer de manera exclusiva lo que le pertenece a otro.
  • Iras (Thymoi): Arrebatos violentos de enojo, furia descontrolada que estalla de repente y luego se apaga, dejando destrucción a su paso.
  • Contiendas (Eritheiai): Ambición egoísta o la búsqueda de prestigio personal mediante la intriga y la manipulación.
  • Disensiones (Dichostasiai): Literalmente significa "pararse en lados opuestos". Es sembrar división en grupos o iglesias para romper la unidad.
  • Herejías / Facciones (Haireseis): Elecciones partidistas basadas en opiniones propias que generan sectarismo y divisiones doctrinales destructivas.
  • Envidias (Phthonoi): El sentimiento de pesar o resentimiento ante el bienestar del prójimo, deseando que el otro pierda lo que posee.
  • Homicidios (Phonoi): La máxima expresión del odio; quitar de forma violenta e ilegal la vida de un ser humano. (Nota textual: Algunos manuscritos antiguos omiten este término, pero mantiene coherencia con la lista).

​4. Pecados de Intemperancia.

  • Borracheras (Methai): Consumo excesivo de alcohol que resulta en la pérdida del control mental, físico y moral.
  • Orgías / Banqueteos (Komoi): Fiestas desenfrenadas y ruidosas que combinan el exceso de bebida y comida con conductas inmorales públicas.
    Te has librado de estas aberraciones conductuales? El sacrificio de Cristo en la cruz ha dado la libertad que tu y yo necesitamos. Lo conoces como tu Salvador personal?

                                                     (Haz clic sobre el título para leer).
    
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viernes, 3 de julio de 2026

no. 2. Informe del estado de iglesias por el terremoto en Vzla. 30/06/2026.txt, no. 185.

 

*Informe del Hno Samuel Ussher Jr.*

30/06/2026 y publicado hoy 02/06/26 por GHF

    “En primer lugar, expresamos nuestro sincero agradecimiento en nombre de los hermanos aquí presentes por el interés en oración del pueblo del Señor en tantas partes. Los mensajes recibidos han sido de gran aliento. Les pido disculpas por no haber enviado ninguna actualización desde el viernes pasado.

    El epicentro del doble terremoto se ubicó cerca de Morón y Puerto Cabello. En la zona hay 24 congregaciones, por lo que fue allí donde más creyentes se vieron afectados. Solo una querida hermana falleció y algunas personas no creyentes; alabamos a nuestro Dios por su gran misericordia. Un buen número de casas quedaron completamente destruidas, incluyendo las de varios creyentes. Muchas más sufrieron graves daños y algunas tendrán que ser demolidas. El pueblo del Señor ha estado cuidando a los creyentes afectados y a sus familias. Personas no creyentes de todo el país también se han movilizado para enviar alimentos y ropa a los necesitados. En medio de tanta pobreza como resultado de años de dificultades políticas y económicas, es reconfortante ver que la generosidad de corazón de los venezolanos se ha manifestado una vez más.

    Se celebró una conferencia en Morón, en el Salón del Evangelio, ubicado en la zona donde se derrumbaron la mayoría de las casas. Normalmente, comenzaría el 25 de junio, el día después de los terremotos, y se extendería hasta el Día del Señor, pero este año los hermanos decidieron celebrarla el fin de semana anterior. Podemos ver la mano del Señor en esto, ya que más de 2000 creyentes se reunieron durante el fin de semana. ¡Cuán bueno es el Dios que adoramos!

    La zona más afectada fue la de La Guaira. La magnitud del sufrimiento es enorme; hasta el momento se han encontrado 1719 cuerpos, pero hay casi 50 000 personas desaparecidas. Ha pasado casi una semana y aún se encuentran personas con vida bajo los escombros, pero el tiempo se agota rápidamente. En esa zona, 855 edificios resultaron dañados, unos 200 de ellos completamente destruidos. Oren para que muchos más sean rescatados a tiempo. Allí se encuentra una pequeña congregación y todas las casas de los creyentes sufrieron daños, incluyendo el Salón del Evangelio. Una querida hermana y dos de sus hijos fallecieron.

    Numerosos creyentes de Caracas y otras zonas están ayudando en la búsqueda de supervivientes y en su rescate, entre ellos médicos y enfermeras. Se instaló una carpa donde las personas pueden acudir para recibir comida y atención médica. Muchas personas sin hogar acampan al aire libre y se han mostrado receptivas a escuchar el evangelio tras recibir ayuda. La gente se acerca a los cristianos para expresar su agradecimiento por las palabras de consuelo y esperanza de la Palabra de Dios a través del Evangelio.

    Hay muchos niños, así que los creyentes han aprovechado la oportunidad para proporcionarles comida, ropa y dar clases bíblicas. Oren para que Dios sea glorificado en la salvación de muchos.

    Agradecemos que numerosos equipos internacionales de búsqueda y rescate hayan llegado con equipo esencial y hayan salvado muchas vidas, pero los cruciales dos primeros días se perdieron. Este país no estaba preparado y las autoridades hicieron poco por hacer llegar equipo y ayuda a los necesitados. La propia población, con sus propias manos, ha estado removiendo escombros, buscando a sus seres queridos y, de esta manera, ha rescatado a algunos.

    El epicentro se encuentra a 100 km al oeste de nuestra ubicación, La Guaira está a 140 km al este, pero los creyentes de las doce congregaciones de esta zona se encuentran bien. Agradecemos enormemente sus oraciones por este país.”

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