domingo, 1 de febrero de 2026

"Tengo sed", es solo una prueba de la humanidad de Jesús? Jn 19:28. txt no. 158.

   

  Jn19:28  "Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed". 

    Veamos la opinión del reputado comentarista W. Barclay.  sobre el pasaje anterior:  "La frase "Tengo sed", nos pone cara a cara con Su sufrimiento humano; cuando Jesús estaba en la Cruz experimentó la agonía de la sed". 

    Si nos apegamos a la descripción del evangelista Juan frase por frase nos revela alguna otra cosa mas que la sed. Primero que el Señor tenía el absoluto y pleno control de su experiencia en la cruz, esto nos lo revela la frase: "...sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado,". El Señor no estaba sujeto y sumiso a las circunstancias que atravesaba. El tuvo el absoluto y pleno control de su experiencia en la cruz y actúo en consecuencia a ello; Y el apóstol Juan lo deja ver claramente.

    La otra razón que Juan nos revela es el propósito de dicha frase ("tengo sed"): "dijo, para que la Escritura se cumpliese:" la palabra "para" denota un significado de propósito. En medio de su sufrimiento atroz El Señor se toma tiempo para hacer cumplir la profecía descrita por el salmista: «Me pusieron además hiel por comida, y en mi sed me dieron a beber vinagre» (Sal 69:21). Hubo que esperar aproximadamente unos 1030 años para que se diera cumplimiento a lo que el Salmista había declarado en el pasado.

    Lo descrito anteriormente no pretende desestimar las opiniones dadas por otros en cuanto a la sed física y de la humanidad del Señor en la cruz. Es evidente que el Señor, por su estado físico deplorable y sus heridas mal curada e infectadas, tuvo que haber sufrido fiebre y en consecuencia sed. Pero solo he querido dar una visión un poco mas profunda de esta frase, que ha trascendido y lo seguirá haciendo por toda la eternidad.

    El reclamo que Jeremías hace a Israel en su libro: Jer 2:13 "...me dejaron a mi, (Dios) fuente de agua viva, y cavaron para si, cisternas rotas que no retienen agua; Es tan valido para notros en el día de hoy. ¿De que fuente estamos bebiendo, para saciar nuestra sed de Dios, religión, buenas obras? Solo El (Cristo) es la fuente de agua viva que realmente sacia nuestra sed espiritual! El dijo: "Si alguno tiene sed, venga a mi y beba".

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sábado, 31 de enero de 2026

nº 4. Débil y fuerte (2. Cor 12:10): "Paradojas" bíblicas que revelan lecciones .txt no. 157.

     4ta. Paradoja: Cuando Dios piensa distinto a nosotros.

    La Biblia tiene una forma inquietante de confrontar nuestras suposiciones más profundas. Allí donde esperamos fuerza, Dios habla de debilidad; donde buscamos victoria, Él menciona sufrimiento; y cuando anhelamos autosuficiencia, el evangelio proclama dependencia.

    Estas tensiones no son contradicciones, sino paradojas bíblicas: verdades que parecen opuestas, pero que juntas revelan una realidad más profunda. El apóstol Pablo resume esta lógica divina de manera magistral en 2 Corintios 12:10, un texto que desafía nuestra comprensión del éxito espiritual:

“Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.”

    Para entender esta afirmación, debemos ir más allá de una lectura devocional y adentrarnos en su contexto histórico, literario y lingüístico, permitiendo que el texto hable desde su idioma original y su intención apostólica.

    El contexto: debilidad apostólica en una cultura obsesionada con el poder. Para comenzar, es crucial entender por qué Pablo dice esto. En 2 Corintios 10–13, el apóstol defiende su ministerio frente a los llamados “super apóstoles”, líderes carismáticos que exaltaban el poder retórico, las experiencias místicas y la autoridad visible.

    Pablo, en cambio, hace algo radicalmente contracultural: se gloría en su debilidad. En 2 Corintios 12:7–9 menciona el famoso “aguijón en la carne” (σκόλοψ τῇ σαρκί, skólops tē sarkí), una aflicción persistente que lo mantenía dependiente de la gracia de Dios. Cuando ruega por liberación, Cristo responde: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.”

     Aquí se establece el principio que culmina en el versículo 10: Dios no elimina siempre la debilidad, sino que la usa como escenario para manifestar su poder.

    Exégesis clave de 2 Corintios 12:10. Veamos ahora algunas palabras esenciales en el griego que iluminan el texto.
  • “Debilidad” – ἀσθένεια (asthéneia). Este término no se limita a fragilidad física. En el Nuevo Testamento incluye: Limitación humana, Vulnerabilidad emocional, Falta de recursos, Dependencia total.

    Pablo no habla de una debilidad fingida, sino real. La paradoja es clara: Dios no espera que dejemos de ser frágiles para usarnos. La debilidad no es un obstáculo para la gracia; es su punto de entrada.

  • “Me gozo” – εὐδοκῶ (eudokō). Este verbo implica aceptación voluntaria y hasta complacencia consciente. No significa masoquismo espiritual, sino una reorientación del corazón: Pablo aprende a ver la debilidad como un lugar donde Cristo se manifiesta. La madurez espiritual no elimina el dolor, pero transforma su significado.
  • “Entonces soy fuerte” – τότε δυνατός εἰμι (tóte dynatós eimí), Aquí está el núcleo de la paradoja. La palabra dynatós está relacionada con dýnamis (poder). No es fuerza psicológica, sino capacidad otorgada por DiosLa estructura gramatical indica una condición continua: cuando permanezco en debilidad, experimento el poder de Cristo.

    Aplicaciones pastorales: vivir la paradoja hoy. Llegados a este punto, la pregunta es inevitable: ¿Qué hacemos con estas paradojas en la vida diaria?

  •     Primero, aprendemos a no huir de nuestra debilidad.
  •     Segundo, dejamos de medir nuestra espiritualidad por resultados visibles.
  •     Tercero, confiamos en que Dios obra precisamente donde nos sentimos insuficientes.

    En conclusión: cuando la lógica del cielo transforma la tierra. 2 Corintios 12:10 no es una frase poética; es una teología de vida. Pablo no romantiza el sufrimiento, pero descubre que la gracia de Dios no compite con la fragilidad humana, sino que habita en ella.

    La paradoja final del evangelio es esta: Dios es más glorificado no cuando somos fuertes por nosotros mismos, sino cuando somos débiles en Él.

    Y quizá, al aceptar esa verdad, descubrimos que nuestra debilidad no es el final del camino… sino el comienzo del poder de Dios en nosotros.

Continua el tema aquí: 

nº 1, Lagar y era (Jue 6:11). "Paradojas" bíblicas que revelan lecciones:
nº 2, Muerte y nacimiento (Ecl 7:1), "Paradojas" bíblicas que revelan lecciones.
nº 3. Salvar y perder (Mat 16:25): "Paradojas" bíblicas que revelan lecciones

(haz clic sobre el título para leer).

                                         

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viernes, 30 de enero de 2026

nº 3. Salvar y perder (Mat 16:25): "Paradojas" bíblicas que revelan lecciones .txt no. 156.

    

3ra. Paradoja: la vida solo se conserva plenamente cuando deja de ser un ídolo. Salvar lleva a perder; perder lleva a hallar. Es un choque frontal contra el instinto de supervivencia.

    El cristianismo no comienza ofreciendo respuestas cómodas, sino preguntas que desarman nuestra lógica habitual. Una de las más desconcertantes aparece en labios de Jesús mismo: “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mt 16:25).

    A primera vista, esta afirmación parece contradictoria. ¿Cómo puede alguien ganar perdiendo y perder ganando? Sin embargo, esta tensión no es un error retórico, sino una paradoja bíblica intencional, diseñada para revelar una verdad más profunda sobre la vida, la identidad y el discipulado.

    A partir de este texto, exploraremos cómo la Biblia utiliza paradojas para despertar la fe, examinando el contexto, el lenguaje original y otras paradojas afines en toda la Escritura, buscando lecciones prácticas para el creyente de hoy.

    1. El contexto inmediato: el camino hacia la cruz.  Para entender Mateo 16:25 debemos escuchar la frase en su escenario narrativo. Jesús acaba de hacer un anuncio decisivo: “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén, y padecer… y ser muerto” (Mt 16:21).

    Pedro, representante del pensamiento humano bien intencionado pero mal orientado, rechaza esta idea. Jesús responde con una corrección severa y, acto seguido, redefine lo que significa seguirle: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame” (v.24). 

    Así, Mateo 16:25 no es un proverbio abstracto, sino una explicación del discipulado cristiano a la sombra de la cruz. No se trata de auto-desprecio, sino de una reorientación radical del centro de la vida.

    2. Exégesis clave: “vida” que se pierde y vida que se halla. El término central del versículo es la palabra griega ψυχή (psychē), traducida como “vida” o “alma”. ψυχή (psychē). En el griego del Nuevo Testamento no se refiere simplemente a la existencia biológica (eso sería bios), sino a: la identidad personal, el yo interior, la vida entendida como proyecto, propósito y sentido.  Jesús no dice: “el que pierda su existencia física”, sino el que renuncie a gobernar su vida desde sí mismo. Asimismo, el verbo “perder” es ἀπολέσει (apolesei), que implica arruinar, destruir, malograr. En contraste, “hallar” (εὑρήσει – heurēsei) sugiere descubrir algo que estaba oculto o perdido.

Así que la paradoja es clara:
  • Quien absolutiza su autonomía termina perdiendo su verdadera identidad; Romanos 1:21–22 “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios…profesando ser sabios, se hicieron necios.” La pérdida de identidad espiritual es consecuencia de rechazar la dependencia del Creador.
  • Quien entrega su vida a Cristo, la descubre en plenitud. Gálatas 2:20 “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí…”. La verdadera identidad surge de la unión con Cristo.

    3. La paradoja como método divino de revelación.  Dios no usa paradojas para confundir, sino para desenmascarar falsas seguridades. Jesús no suaviza el costo del discipulado, pero tampoco oculta su recompensa. Aquí encontramos una constante bíblica: la verdad de Dios suele ir en dirección opuesta al sentido común humano.

    4. Volviendo a Mateo 16:25: una invitación existencial.  Jesús no habla en abstracto. Él mismo vivió la paradoja que proclamó. Perdió su vida en la cruz y, al hacerlo, inauguró la vida eterna para muchos.

    Aquí la fe cristiana se distingue de cualquier moralismo: No se trata de perder para ser mejores personas. Sino de darle el control a Dios para ganar a Cristo. Como diría Pablo: “Y ciertamente, estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús” (Fil 3:8).

    En conclusión: Aquí encontramos la paradoja que redefine la vida.  La paradoja bíblica no es un juego intelectual, sino una puerta hacia la verdad. Mateo 16:25 nos confronta con una pregunta inevitable: ¿Qué estamos intentando salvar? ¿Y a qué costo?

    Perder la vida por Cristo no es aniquilación, sino liberación. Es descubrir que la vida no se conserva aferrándose a ella, sino entregándola en confianza al Dios que la dio.

    Y ahí, en ese acto de fe aparentemente ilógico, el creyente halla lo que siempre buscó: la vida verdadera en Cristo.

Continua el tema aquí:

               nº 2, Muerte y nacimiento (Ecl 7:1), "Paradojas" bíblicas que revelan lecciones: 
             nº 4. Débil y fuerte (2. Cor 12:10): "Paradojas" bíblicas que revelan lecciones.


(haz clic sobre el título para leer).

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jueves, 29 de enero de 2026

nº 2, Muerte y nacimiento (Ecl 7:1), "Paradojas" bíblicas que revelan lecciones: .txt no. 155.

  

    2da. Paradoja: Eclesiastés 7:1 – “Mejor es el día de la muerte que el día del nacimiento” una afirmación que incomoda. Hay textos bíblicos que reconfortan, y hay otros que incomodan profundamente. Eclesiastés 7:1 pertenece claramente al segundo grupo: “Mejor es el día de la muerte que el día del nacimiento”.

    A primera vista, esta afirmación parece no solo extraña, sino incluso contradictoria con la visión bíblica de la vida como don de Dios (Sal 127:3). ¿Cómo puede la Escritura declarar “mejor” el día de la muerte que el del nacimiento?

    Sin embargo, como ocurre frecuentemente en la literatura sapiencial, la incomodidad no es un error, sino una puerta hacia la sabiduría.

    Para entender esta aparente incongruencia bíblica, debemos detenernos, escuchar el texto en su propio idioma, y permitir que el contexto moldee nuestra lectura, en lugar de imponerle nuestras expectativas modernas.

    El marco de Eclesiastés: sabiduría bajo el sol. Antes de analizar el versículo, es crucial entender el contexto literario y teológico de Eclesiastés. El libro se atribuye a Qohelet (קֹהֶלֶת), término que proviene del verbo qahal (קהל), “reunir” o “asamblear”. No es un predicador emocional, sino un sabio observador de la realidad, dispuesto a transmitir sus conocimientos a los demás.

    Eclesiastés no niega a Dios, pero se atreve a describir la vida tal como se experimenta “bajo el sol” (תַּחַת הַשֶּׁמֶשׁ), es decir, desde la perspectiva humana, limitada por el tiempo, la muerte y la frustración.

    Por tanto, cuando el sabio afirma que la muerte puede ser “mejor” que el nacimiento, no lo hace desde el nihilismo,(negación de todo principio religiosopolítico y social), sino desde una evaluación honesta del sentido de la vida vivida delante de Dios.

Eclesiastés 7:1 comienza así: “Mejor es el buen nombre que el buen perfume…”

    La palabra hebrea para “mejor” es טוֹב (tov), que no significa simplemente “agradable”, sino apropiado, valioso, pleno en propósito. No se trata de una comparación emocional, sino sapiencial.

    Más adelante, el versículo culmina con la frase clave: “y mejor el día de la muerte que el día del nacimiento”. Aquí, “día” es יוֹם (yom), que en hebreo puede indicar no solo una fecha, sino un evento significativo cargado de sentido. El “día de la muerte” (yom ha-mavet, יוֹם הַמָּוֶת) no es el momento biológico del cese vital, sino el cierre evaluativo de una vida. El “día del nacimiento” (yom hivaldo, יוֹם הִוָּלְדוֹ) representa el inicio lleno de potencial, pero aún no probado. La sabiduría hebrea no valora el potencial tanto como la trayectoria completada.

    La lógica sapiencial: el final revela el sentido. Esta idea se refuerza unos versículos más adelante: “Mejor es el fin del negocio que su principio” (Ecl 7:8). La palabra “fin” es אַחֲרִית (ajarit), que implica resultado, desenlace, destino. En la Biblia hebrea, el valor de algo se entiende desde su conclusión, no desde su comienzo. Por eso, el día de la muerte puede ser “mejor” que el del nacimiento:
no porque la vida sea despreciable, sino porque solo al final puede evaluarse su fidelidad, su sabiduría y su temor a Dios.

    Este principio aparece en toda la Escritura:

  • “El justo será recordado por bendición” (Prov 10:7)
  • “He peleado la buena batalla… he guardado la fe” (2 Tim 4:7)
  • “Bien, buen siervo y fiel” (Mt 25:21)

    La Biblia no celebra comienzos prometedores, sino finales fieles aprobados por Dios. La muerte como maestra espiritual: Eclesiastés continúa desarrollando esta lógica: “Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete” (Ecl 7:2).

    La “casa del luto” es בֵּית אֵבֶל (beit evel), un lugar de duelo, reflexión y silencio. Allí, dice el texto, “los vivos lo pondrán en su corazón”. En hebreo, “corazón” es לֵב (lev), el centro del pensamiento y la voluntad, no solo de la emoción. La muerte educa porque confronta al ser humano con su finitud.

    Por eso, el Salmo 90:12 ora: “Enséñanos a contar nuestros días, para que traigamos al corazón sabiduría”. La incongruencia desaparece: la muerte no es exaltada por sí misma, sino como instrumento pedagógico que devuelve perspectiva a la vida.

    El apóstol Pablo y la paradoja del final.  Para el creyente, la muerte deja de ser un absurdo y se convierte en consumación: “Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Fil 1:21). Una vida vivida en Cristo y para El solo puede terminar con un balance positivo al final de esta.

    La Biblia no glorifica la muerte, pero sí proclama que una vida vivida delante de Dios transforma el día de la muerte en victoria.

    De todo lo anterior podemos sacar algunas lecciones prácticas para los creyentes hoy a la luz de Eclesiastés 7:1.

  • No vivamos obsesionados con comienzos espectaculares, sino con procesos fieles.
  • Evaluemos nuestra vida no por aplausos presentes, sino por su testimonio final.
  • Permitamos que la realidad de la muerte nos enseñe a vivir con urgencia, humildad y sabiduría.
  • Recordemos que en Cristo, el final no es derrota, sino coronación.
    Eclesiastés no nos invita a amar la muerte, sino a amar la vida lo suficiente como para vivirla bien hasta el finalLa afirmación “mejor es el día de la muerte que el día del nacimiento” no es pesimismo, sino realismo teológico. Es una llamada a vivir de tal manera que el último día revele una vida que valió la pena delante de Dios.

    Porque, al final, la verdadera sabiduría no se mide por cómo empezamos, sino por cómo terminamos.

Continúa el tema aquí: 

nº 1,"Paradojas" bíblicas que revelan lecciones. Lagar y era (Jue 6:11).
nº 3. Salvar y perder (Mat 16:25): "Paradojas" bíblicas que revelan una lección .
nº 4. Débil y fuerte (2. Cor 12:10): "Paradojas" bíblicas que revelan lecciones .
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martes, 27 de enero de 2026

nº 1, Lagar y era (Jue 6:11). "Paradojas" bíblicas que revelan lecciones: .txt no. 154.

   

    La Biblia está llena de escenas que, a primera vista, parecen incoherentes. En las escrituras encontramos frases tales como: “Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” 2da. Corintios 12:10 “El que quiera salvar su vida, la perderá" Mateo 16:25;  “Mejor es el día de la muerte que el día del nacimiento”. Eclesiastés 7:1, . Estas aparentes contradicciones no son errores del texto, sino puertas teológicas que nos invitan a mirar más profundo una lección segura.

    Una de esas escenas se encuentra en Jueces 6:11, donde Dios llama “valiente” a un hombre que claramente no lo es y que esta tratando el trigo donde se procesan las uvas. Estas incongruencias no solo revela algo sobre Gedeón, sino también sobre la forma en que Dios se relaciona con nosotros.

    Desde aquí surgen algunas preguntas principales: ¿Por qué Dios declara algo que todavía no es visible? y ¿Por que el hombre que Dios ha escogido esta en el lugar incorrecto?

    1. Veamos el contexto histórico: opresión, miedo y silencio espiritual. Para entender Jueces 6:11 debemos situarnos en el ciclo teológico del libro de Jueces: pecado → opresión → clamor → liberación → recaída.

    Israel se encuentra bajo la opresión de Madián durante siete años (Jueces 6:1). El texto hebreo describe una devastación total: saqueo económico, inseguridad alimentaria, pérdida de dignidad nacional. La opresión no es solo militar, sino existencial. Israel ha perdido la memoria de quién es y quién es su Dios. Una trágica realidad!

    2. Esta atmósfera prepara el escenario para la aparición del Ángel de YHWH. Jueces 6:11 – El llamado y el lugar que no encajan.

    “Y vino el Ángel de YHWH y se sentó debajo de la encina que está en Ofra… y Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas.” Observación exegética clave. Gedeón no está en un trillo (era), sino en un lagar, aquí vemos la primera paradoja. En hebreo, gat (גַּת) es un lugar para uvas, no para trigo. Esto pudiera indicar miedo, improvisación y clandestinidad. Sin embargo, en el versículo 12 ocurre otra incongruencia: “Y el Ángel de YHWH se le apareció y le dijo: יְהוָה עִמְּךָ גִּבּוֹר הֶחָיִל YHWH está contigo, valiente guerrero.” Podemos suponer que esta afirmación se refiere no a lo que Gedeón es sino lo que será en el futuro.  

    Una exégesis de las palabras clave (hebreo) serían:
2.1. גִּבּוֹר (gibbór) – “valiente / héroe”. No significa solo “fuerte”, sino: guerrero probado, hombre de hazañas públicas, figura de liderazgo reconocida, Gedeón no cumple ninguno de estos criterios.

2.2. הֶחָיִל (hejayil) – “de valor, fuerza, capacidad”
Jayil puede referirse a: fuerza militar, riqueza, carácter, influencia social. Es la misma palabra usada en Proverbios 31:10 (“mujer virtuosa”). Dios ve en Gedeón capacidad latente, no desempeño actual.

    3. La incongruencia como método divino. Aquí surge el punto teológico central: Dios no llama según la fotografía del presente, sino según el diseño futuro. Si sientes el llamado divino nunca dudes de lo que El puede hacer en tu vida futura. Esto no es un caso aislado. La Biblia está llena de este patrón:
🔹 Abram → Abraham. “Padre de multitudes” (Génesis 17:5), cuando aún no tenía hijos.
🔹 Jacob → Israel. “El que lucha con Dios” (Génesis 32:28), después de una vida de engaño.
🔹 Simón → Pedro. “Roca” (Πέτρος), aunque era inestable (Mateo 16:18).
    En todos los casos, el nombre precede al carácter.

    4. La respuesta humana: objeciones legítimas. Gedeón responde con una pregunta teológicamente honesta: “Ah, señor mío, si YHWH está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto?” (Jueces 6:13). Esta pregunta revela algo importante: La fe bíblica no niega la realidad, dialoga con ella. Gedeón no niega a Dios; cuestiona la aparente desconexión entre promesa y experiencia actual.

    De todo lo anterior podemos sacar algunas lecciones prácticas: 
  • Dios no espera coherencia para llamar. Dios llama en medio del miedo, no después de vencerlo.
  • La obediencia no nace de la seguridad personal, sino de la confianza exclusiva en Dios. 
  • Tu identidad precede a tu desempeño. El Reino de Dios funciona al revés del mérito humano. Primero identidad, luego misión.
  • Dios no es indiferente al sufrimiento. El llamado de Gedeón ocurre dentro de la crisis, no fuera de ella.
    En conclusión: la incongruencia que revela gracia Jueces 6:11 no es una contradicción bíblica; es una revelación teológica. Dios llama lo que aún no es, para que llegue a ser lo que El quiere que sea.

    La verdadera incongruencia no está en Dios, sino en nuestra forma limitada de leer la realidad. Cuando Dios dice “valiente” a un hombre escondido, no está negando el miedo, está anunciando redención. Y quizás, como Gedeón, el llamado más profundo que escuchamos hoy no es el que describe lo que somos, sino el que revela en quién podemos convertirnos.

    La Biblia no es incongruente; somos nosotros quienes a veces leemos con categorías demasiado pequeñas. Y como diría el autor, la pregunta no es si estas paradojas son verdaderas (que lo son), sino si explican mejor la realidad que vivimos. ¿Te identificas con algunas de ellas? 

Continua el tema aquí: 

nº 2, Muerte y nacimiento (Ecl 7:1), "Paradojas" bíblicas que revelan lecciones.

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domingo, 25 de enero de 2026

“Del Huerto al Madero: La razón, y el amor en el camino de Jesús hacia el Gólgota”.txt no. 153.

    

Del Huerto al Madero: la razón y el amor en el camino de Jesús hacia el Gólgota

    El recorrido de Jesús desde el huerto de Getsemaní hasta el Gólgota no es una cadena absurda de hechos violentos ni un error histórico que terminó en tragedia. Es, más bien, un camino revelador. En él se muestra con claridad quién es Dios, quién es el ser humano y qué significado profundo tiene la cruz. No es solo un relato para conmover, sino una historia que interpela la razón y el corazón.

    El cristianismo no nace de una idea filosófica ni de una experiencia emocional privada. Nace de un acontecimiento histórico concreto: la vida, muerte y resurrección de Jesucristo. Por eso, la fe cristiana no exige apagar la razón, sino usarla plenamente. El camino de Jesús hacia el Gólgota es una invitación a pensar, a creer y a responder.

1. Getsemaní: la razón sometida al amor. (Mateo 26:36–46).

    Todo comienza en un huerto. Getsemaní no es solo un lugar geográfico, es un espacio teológico. Allí Jesús ora, sufre y decide. Los evangelios no presentan a un héroe insensible, sino a un hombre real, consciente del dolor que se aproxima. Jesús experimenta angustia, temor y soledad. Su oración —“Padre, si es posible, que pase de mí esta copa”— revela una humanidad auténtica.

    Pero la oración no termina ahí. Jesús añade: “no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Aquí no hay irracionalidad ni resignación ciega. Hay una decisión libre, razonada y amorosa. Jesús entiende lo que está en juego y, aun así, elige obedecer. El amor no anula la razón; la orienta hacia el bien mayor.

    Getsemaní nos muestra que la fe madura no ignora el sufrimiento ni lo romantiza. Lo enfrenta con honestidad, pero lo entrega a Dios con confianza.

1.1. El arresto: la verdad frente a la violencia. (Juan 18:1–11).

    Cuando Jesús es arrestado, la violencia irrumpe de inmediato. Pedro saca la espada. Es una reacción comprensible, pero equivocada. Jesús la detiene. No porque la injusticia sea aceptable, sino porque la violencia no puede producir el reino de Dios.

    Aquí se revela una tensión profunda: el ser humano quiere defender la verdad por la fuerza; Jesús la defiende con la entrega. La verdad no se impone, se ofrece. En este momento, Jesús deja claro que su camino no es el del poder coercitivo, sino el del testimonio fiel.

    La escena también muestra el miedo de los discípulos, que huyen. La fidelidad resulta frágil cuando el costo es alto. El texto no oculta esta debilidad, porque el evangelio no idealiza al ser humano. Nos retrata tal como somos.

2. Los juicios: razón distorsionada y conciencia silenciada.  (Marcos 14:53–65). (Juan 18:33–38).

    Jesús pasa por varios interrogatorios: religiosos y políticos. Caifás, el Sanedrín, Pilato, Herodes. Cada uno representa una forma distinta de evadir la verdad.

    Los líderes religiosos manipulan la ley para proteger sus intereses. Pilato reconoce la inocencia de Jesús, pero cede por miedo a perder su poder. Herodes busca espectáculo, no justicia. La razón sigue presente, pero está subordinada al orgullo, al temor o a la conveniencia.

    Aquí el evangelio hace una crítica profunda: el problema no es la falta de razón, sino una razón que se justifica a sí misma y silencia la conciencia. El pecado no siempre es ignorancia; muchas veces es una decisión consciente de no obedecer la verdad.

3. El camino al Gólgota: el amor que persevera. (Lucas 23:26–31).

    El camino hacia la cruz es humillante y doloroso. Jesús cae, es golpeado, es burlado. Sin embargo, incluso en ese trayecto, sigue mostrando compasión: consuela a las mujeres de Jerusalén, acepta la ayuda de Simón de Cirene, permanece en silencio ante los insultos.

    Este silencio no es derrota, es coherencia. Jesús no necesita defenderse porque su vida entera ya ha hablado. El amor verdadero no depende del reconocimiento inmediato. Persevera incluso cuando parece inútil.

4. El madero: la razón de la cruz. (Juan 19).

    La cruz no es un accidente ni una contradicción del mensaje de Jesús; es su culminación. En ella se cruzan la justicia y la misericordia, la verdad y el amor. Dios no ignora el mal ni lo minimiza, pero tampoco destruye al ser humano para erradicarlo. En la cruz, Dios asume el peso del pecado para ofrecer reconciliación.

    Desde una perspectiva racional, la cruz responde a una pregunta profunda: ¿Qué hace Dios frente al mal humano? No lo niega, no lo justifica, no huye de él. Lo enfrenta con amor sacrificial y lo transforma en bien. La cruz revela tanto la gravedad del pecado como la grandeza de la gracia.

    El camino de Jesús del huerto al madero no es solo un relato para recordar, sino una invitación a responder. Para el cristiano de hoy este recorrido nos llama a una fe pensante y vivida. Nos invita a:

  • Orar con honestidad, como en Getsemaní, sin negar el dolor.
  • Renunciar a la violencia, incluso cuando creemos tener la razón.
  • Examinar nuestra conciencia y no sacrificar la verdad por comodidad.
  • Vivir un amor perseverante, aun cuando no sea comprendido.
  • Mirar la cruz no solo como símbolo, sino como modelo de vida entregada.
Seguir a Cristo implica unir razón y amor, verdad y obediencia, fe y coherencia.
    Para el incrédulo este camino plantea preguntas inevitables:

  • ¿Por qué un hombre inocente aceptaría la cruz?
  • ¿Qué tipo de Dios elige sufrir en lugar de imponer?
  • ¿Y si la cruz no es irracionalidad, sino la respuesta más profunda al problema del mal?

    El cristianismo no pide un salto ciego, sino una mirada honesta al acontecimiento de la muerte de Jesús. Tal vez el primer paso no sea creer, sino considerar seriamente quién fue este hombre y qué significa su camino.

    Del huerto al madero, Jesús no solo caminó hacia el Gólgota. Caminó hacia nosotros. Y su camino sigue abierto para todo aquel que quiera pensar, creer y responder.

Esta sección tiene como meta, presentar información oportuna, interesante y hasta curiosa para el
 conocimiento sobre Dios y tu futuro eterno. 

                      

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sábado, 24 de enero de 2026

Las Siete Frases de Cristo dichas en la Cruz. txt, no. 152.


    La cruz no fue un accidente histórico ni una tragedia mal calculada. Fue, en el corazón del cristianismo, el lugar donde Dios habló de la manera más elocuente y desconcertante. Allí, cuando el Hijo de Dios parecía reducido al silencio, pronunció siete frases breves que han atravesado los siglos como un compendio del Evangelio.

    Las llamadas Siete Palabras de Cristo en la cruz no son meros recuerdos piadosos de la religión profesante. Son declaraciones teológicas densas, cuidadosamente preservadas por los evangelistas, que revelan quién es Dios, quién es el ser humano y cómo se produce la reconciliación entre ambos. Como señalaría John Lennox, el cristianismo no evade el sufrimiento: lo explica, lo asume y lo redime.

    1. Palabra de perdón: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Lucas 23:34Jesús no comienza la crucifixión con una acusación, sino con una intercesión. El verbo griego aphíēmi(perdonar) implica liberar, dejar ir una deuda. La ignorancia mencionada —“no saben lo que hacen”— no niega la responsabilidad moral, pero subraya la ceguera espiritual del ser humano frente a Dios.  Jesús intercede incluso en el momento de la ejecución. Es la culminación de su enseñanza sobre el amor a los enemigos (cf. Mt 5:44).

    2. Palabra de salvación: «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso». Lucas 23:43. La salvación es gracia inmediata, no mérito. El “buen ladrón” representa a la humanidad pecadora acogida por la misericordia divina. Jesús responde al ruego del ladrón arrepentido con una afirmación solemne: amēn soi legō (“de cierto te digo”). La salvación es inmediata (hoy), relacional (conmigo) y escatológica (Paraíso). No hay tiempo para obras, rituales o méritos. Solo fe desnuda. Este hombre representa a la humanidad culpable que no puede salvarse a sí misma.

    3. Palabra de filiación y entrega: «Mujer, ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre». Juan 19:26–27. Jesús funda una nueva familia espiritual. María pudiera ser figura de la Iglesia; y el discípulo amado, del creyente. Jesús, en medio del sufrimiento extremo, crea una nueva relación. El uso de “mujer” no es despectivo, sino solemne. Aquí se funda una nueva familia espiritual, no basada en la sangre, sino en la fe.

    4. Palabras de un abandono solitario y angustioso: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Mateo 27:46; Marcos 15:34, (cf. Salmo 22:1). No es desesperación, sino oración. Jesús asume el sufrimiento humano más radical, citando un salmo que termina en esperanza. Aquí Cristo experimenta el abandono que corresponde al pecado humano. Paradójicamente, es el momento de mayor obediencia.

    5. Palabra de sufrimiento humano: «Tengo sed». Juan 19:28. Expresa tanto la sed física como el anhelo mesiánico de que la humanidad acoja la salvación. Esta frase cumple las Escrituras (Salmo 69:21) y revela la plena humanidad de Cristo. Pero también apunta a una sed más profunda: el anhelo de que la humanidad responda al amor de Dios. El que ofreció “agua viva” ahora experimenta la sequedad total mas profunda. Continúa este tema aquí: ( "Tengo sed", es solo una prueba de la humanidad de Jesús? Jn 19:28.haz clic sobre el título.
    6. Palabra de solvencia: «Consumado es, Todo está cumplido». Juan 19:30. No es derrota, sino consumación. El plan salvífico del Padre llega a su plenitud. El término griego tetélestai significa “completado plenamente”. Era usado en contextos comerciales para indicar una deuda saldada. No es un suspiro de derrota, sino un grito de victoria. El plan redentor del Padre había llegado a su clímax. Continúa este tema aquí: (Las últimas palabra de Cristo en la cruz "tetelestai" (gr).; Las últimas palabras de Cristo en la cruz: "tetelestai" Consumado es .mp3). haz clic sobre el título.

    7. Palabra de entrega confiada: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Lucas 23:46, (cf. Salmo 31:5). Jesús muere en acto de total confianza filial. La muerte es transformada en entrega. Jesús muere citando un salmo de confianza. La muerte no le es arrebatada; Él la entrega. El espíritu vuelve al Padre en un acto consciente de fe filial. La cruz no termina en caos, sino en confianza.

    Las Siete Palabras recorren un itinerario espiritual completo:

  •      perdón → salvación → comunión → sufrimiento → consumación → abandono confiado.

    Lejos de ser frases aisladas, forman una sinfonía teológica donde la justicia y la gracia se abrazan. En la cruz, Dios no explica el mal desde lejos: lo asume, lo vence y lo transforma.

    Como diría John Lennox, el cristianismo no es la historia de un Dios que evita el sufrimiento, sino de un Dios que lo atraviesa para rescatar al ser humano desde dentro. La cruz sigue hablando. La pregunta final no es qué dijo Cristo, sino cómo responderemos nosotros.


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