La Cristología de Marcos es clara en este pasaje: Presenta a Jesús como el «Yo Soy» que Pasa delante de sus discípulos. Si el «paso» divino es un sello de la teofanía en el Antiguo Testamento, Marcos está haciendo algo extraordinario: está presentando a Jesús como el sujeto de esa teofanía. Jesús no solo camina sobre el agua como Dios (Job 9:8); no solo «pasa» como Dios pasó ante Moisés y Elías (Éxodo 33; 1 Reyes 19); sino que, cuando los discípulos gritan, Él responde con las palabras que en la LXX traducen el nombre divino: «Yo soy» (θαρσεῖτε, ἐγώ εἰμι, Marcos 6:50).
Este «Yo soy» (ἐγώ εἰμι) es la traducción griega del nombre revelado a Moisés en Éxodo 3:14. Al unir el «pasar» teofánico con el «Yo soy», Marcos está diciendo algo que los discípulos no logran captar en ese momento, pero que el lector creyente debe comprender: Jesús es la gloria de Yahvé que pasa, la presencia que no destruye sino que salva, la teofanía que se hace carne en medio de la tormenta.
Ahora bien veámos algunas aplicaciones prácticas para el creyente de hoy:
1. Dios viene en la cuarta vigilia, no en nuestra cronología: Los discípulos lucharon toda la noche. Jesús no apareció al principio de la tormenta, sino en la última vigilia, cuando el cansancio era total. En nuestras noches de aflicción, podemos sentir que Dios se retrasa, pero su «cuarta vigilia» es perfecta. Él no viene tarde; viene cuando su presencia será reconocida como la única explicación posible de nuestra supervivencia. Viene en el momento de mayor vulnerabilidad de los discípulos con el fin de que toda la gloria sea de El y no nuestra.
2. A veces Dios quiere «pasar de largo» para algo mas que ser visto: La intención de Jesús de «pasar junto a ellos» no era indiferencia, sino revelación. En nuestra vida, Dios a veces permite que sus bendiciones «pasen» cerca de nosotros no para hacernos sufrir, sino para que alcancemos a ver su gloria. Cuando oramos por un milagro inmediato, Dios puede ofrecernos algo mejor: una vislumbre de quién es Él. No siempre calma la tormenta; a veces, nos hace caminar sobre ella con Él.
3. El corazón endurecido no reconoce la teofanía: Marcos 6:52 es clave: los discípulos no entendieron, porque no habían reflexionado sobre los panes. La incredulidad no es un problema intelectual, sino un problema del corazón. Si no meditamos en las señales que Dios ya nos ha dado, no reconoceremos su presencia cuando «pase» frente a nosotros. La lectura de la Escritura, la asistencia a la iglesia, la oración comunitaria: son los «panes multiplicados» que preparan nuestros ojos para ver a Cristo en nuestra tormenta particular.
4. El miedo transforma la teofanía en fantasmas: Los discípulos gritaron al ver a Jesús, porque lo confundieron con un fantasma (φάντασμα). El miedo distorsiona la percepción de Dios. Cuando estamos aterrorizados, la gracia puede parecer amenaza, y la presencia de Cristo puede parecer ausencia. La palabra de Jesús —«¡Ánimo! Yo soy; no temáis»— es la única que disipa el miedo. En tu tormenta, deja que esa palabra llegue antes de que interpretes la situación.
5. La iglesia como la barca donde Cristo «pasa»: La imagen de la barca es una metáfora eclesial clásica. La iglesia no está exenta de vientos contrarios; de hecho, a veces parece que remamos contra corriente con fuerza humana insuficiente. Pero es precisamente en esa barca donde Cristo se manifiesta. No abandonemos la comunidad de fe en medio de la tormenta, porque es allí donde el Señor ha prometido «pasar» y revelarse.
En conclusión: La Gloria que Cruza el Mar: Marcos 6:48 no es un versículo secundario. Es una ventana hacia la cristología más alta del evangelista. Al afirmar que Jesús quería adelantarseles, el texto no está describiendo una intención fallida de ignorar a los discípulos, sino el propósito deliberado de Dios de revelar su gloria. La frase resuena con el «pasar» de Yahvé ante Moisés en el Sinaí, con el «pasar» ante Elías en Horeb, y con el «pasar» del Dios que camina sobre las olas en Job.
La próxima vez que te encuentres remando contra el viento, en la oscuridad de la cuarta vigilia, y sientas que Dios está «pasando de largo», recuerda: no es indiferencia divina. Es una teofanía. Es la gloria de Cristo que se acerca, caminando sobre lo imposible, para decirte que Él es el «Yo Soy» de tu tormenta. No temas. Él no te abandonará. Solo quiere que lo veas pasar y te goces al ver su gloria.
«Y quería adelantarseles» (Marcos 6:48). Una frase pequeña que revela Una teología inmensa!
Viene del anterior: El Señor Que Pasa. Jesús se Revela en Medio de la Tormenta. Mar 6:48. (haz clic sobre el título para leer).


