sábado, 29 de noviembre de 2025

Costumbres del Señor dignas de imitar (actualizada),txt .mp4 no. 131.

 

Mensaje basado en Marcos 10:1; Lucas 22:39–40; Lucas 4:16

Hay hábitos que moldean la vida más de lo que pensamos. Un padre que cada mañana dedica unos minutos a orar antes de salir de casa no solo está cumpliendo una disciplina espiritual; está marcando un rumbo que, con el tiempo, influye en su carácter, en la atmósfera familiar y en su manera de enfrentar la vida. Los hábitos —buenos o malos— se convierten en senderos que pavimentan nuestro futuro espiritual.

Cuando observamos los Evangelios, descubrimos que el Señor Jesús también tenía hábitos. No improvisaba su vida espiritual. En los evangelios destacan frases tales “como solía” (Marcos 10:1; Lucas 22:39) y “su costumbre” (Lucas 4:16) para mostrarnos que el Hijo de Dios vivió con patrones espirituales constantes y deliberados. Estas no son menciones casuales: son ventanas a la forma en que Cristo caminó por este mundo… para enseñarnos cómo debemos caminar nosotros.

Seguidamente describiremos tres (3) costumbres del Señor Jesucristo dignas de imitar:

1. Jesús tenía costumbres espirituales estables en medio del movimiento de la vida (Marcos 10:1). El ejercía su ministerio fielmente.

“…volvió Jesús a la región de Judea… y volvió el pueblo a juntarse a él; y de nuevo les enseñaba, como solía.”

Marcos presenta a Jesús en un contexto dinámico, rodeado de multitudes y demandas constantes. Aun así, el evangelista subraya que Jesús tenía un hábito: enseñar. No respondía solo a la urgencia del momento ni actuaba guiado por la presión externa. Su ministerio fluía desde una disciplina interna.

Exegéticamente hablando, la expresión “como solía” (gr. ēthos o eiōthei en sus variantes) implica repetición deliberada, un patrón definido. Jesús no enseñaba ocasionalmente; enseñaba porque era parte de la esencia de su misión y de su disciplina cotidiana. Antes que actividades extraordinarias, la vida cristiana necesita hábitos santos. La formación espiritual no ocurre por eventos aislados, sino por prácticas constantes: estudiar la Palabra, servir, congregarse, discipular, enseñar. La estabilidad de una iglesia no depende de momentos brillantes, sino de costumbres fieles.

2. Jesús buscaba comunión con el Padre en o ración como un hábito, especialmente en tiempos de prueba (Lucas 22:39–40). El practicaba el hábito de la oración.

“Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los Olivos… Orad para que no entréis en tentación.”

En el contexto más oscuro de su vida terrenal —previo a Getsemaní— Jesús vuelve al lugar habitual de oración. Esta frase, aparentemente sencilla, es una de las joyas pastorales más profundas del Evangelio.

Exegéticamente hablando, Lucas usa el término que indica ruta frecuente, dirección conocida. Jesús no buscó un lugar nuevo para enfrentar su angustia; fue al lugar donde había cultivado su comunión. No improvisó la oración en la crisis: llevó la crisis al terreno donde la oración ya tenía historia. No podemos enfrentar el día malo sin haber construido un “monte de los Olivos” personal. Quien ora solo cuando está en crisis, ora un día tarde. Los hábitos espirituales son preparación previa. La iglesia de Cristo necesita lugares y ritmos donde, una y otra vez, se encuentre con el Padre.

3. Jesús tenía la costumbre de participar fielmente en la vida congregacional (Lucas 4:16).  El cumplía fielmente la costumbre de congregarse en torno a la palabra divina.

“…y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer.”

Jesús, siendo el Verbo encarnado, se sometió a la práctica regular de asistir a la sinagoga. No por necesidad espiritual, sino por obediencia al camino del Padre y como modelo para sus discípulos.

Exegéticamente hablando, la expresión “su costumbre” muestra que Jesús participaba activamente en la vida comunitaria: escuchaba la Palabra, enseñaba, adoraba junto al pueblo. Esto no era ritualismo; era compromiso relacional y espiritual. Si Jesús —el Hijo sin pecado— consideró esencial involucrarse en la reunión congregacional, ¿Cuánto más nosotros? La asistencia constante, la lectura pública, la adoración colectiva no son meros hábitos sociales: son disciplinas formativas que modelan el corazón de los creyentes y sostienen a la comunidad.

En conclusión, las Escrituras no mencionan las costumbres de Jesús para llenar espacio narrativo; lo hacen para mostrar una vida ordenada alrededor de lo esencial. Sus hábitos no solo revelan a un Maestro disciplinado, sino al verdadero Hombre que vivió como debiéramos vivir.

  • Enseñaba como solía → hábito de edificar.
  • Oraba como solía → hábito de depender.
  • Se congregaba según su costumbre → hábito de participar.

Imitar a Jesús no comienza con grandes gestas, sino con pequeñas fidelidades repetidas. La iglesia de Cristo necesita recuperar estos ritmos: una vida marcada por costumbres santas que, con el tiempo, nos formen a la imagen de Aquel que seguimos.

Que el Señor nos conceda establecer hábitos que lo honren y sostengan nuestra fe, hasta que nuestras vidas puedan decirse también: “como solía”.

Amplia más este tema viendo este video. Costumbres de Jesús dignas de imitar.mp4

(Haz clic sobre el título para ver el video)

Esta sección tiene como meta, presentar información oportuna, interesante y hasta curiosa para el
 conocimiento sobre Dios y tu futuro eterno. 

                      

 Si ha sido de provecho compártelo en tus redes sociales, para que otros también sean bendecidos.

síguenos en:
 instagram: serginho6767
facebook: maná diario

ivoox: maná diario


No hay comentarios:

Publicar un comentario