lunes, 29 de junio de 2026

Testimonio personal de hermana, sobre terremoto en Laguaira, Venezuela.txt, no. 184.


 Informe de Rachel Turkington                                                                                                  28/06/26  

    Querida familia en Cristo: Quisieramos compartir algunas noticias para que puedan orar con información más precisa sobre lo que el Señor está permitiendo en estos días. 

“Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica.” (Efesios 2:10)

    Este versículo nos ha acompañado cada día. Cada vez que descendemos hacia las zonas afectadas no sabemos dónde terminaremos ni a quién podremos extender la mano. Pero al regresar a Caracas volvemos con la seguridad de que todo formaba parte de un plan que solamente Dios conocía de antemano.

    Ayer dedicamos gran parte del día a comprar alimentos no perecederos, medicinas e insumos. Todo estaba completamente colapsado. Cuando terminamos nos preguntamos si realmente debíamos bajar siendo ya tan tarde, pero nos animamos porque nos acompañaba un hermano bombero. Como él mismo dijo: “Somos puros jóvenes, podemos tirarnos a ver qué nos encontramos”. Gracias al casco de bombero y a las credenciales de Joe pudimos pasar por los distintos puntos de control.

    Nuestra primera visita fue al hogar de niños que dirige la hermana Lydia. Ella ha perdido más de seis familiares en esta tragedia. Debido a los graves daños estructurales de la casa, todos han estado durmiendo a la intemperie. Después de dejar allí parte de los insumos, fuimos a otra familia de la asamblea que llevaba tres días durmiendo en la calle con cinco niños, entre ellos una bebé de dos años y otra de once meses.

    Aprovechando la poca luz que quedaba, comenzamos a atender a las personas que se acercaban al ver el uniforme. Muchos no tienen dónde conseguir sus medicamentos, pues en La Guaira prácticamente no hay comercios abiertos. Todo depende de las donaciones que llegan.

    Tomamos la presión arterial y la glicemia de varias personas. Una señora tenía una glicemia de 270 mg/dL. En un momento sentimos preocupación porque la cantidad de personas que se acercaba aumentó rápidamente y comenzó a formarse una multitud. Pero, más allá de las necesidades materiales, lo que más impresionaba era escuchar sus historias: familias enteras afectadas, seres queridos perdidos y personas que siguen durmiendo en las calles porque tienen temor de regresar a sus casas.

    Entonces, con la ayuda del Señor, Isaac y Joe comenzaron a predicar el evangelio. Fue hermoso ver cómo las personas dejaron de acercarse únicamente por los recursos materiales y comenzaron a reunirse para escuchar la Palabra de Dios. Comprendimos que esta tragedia ha producido en muchos corazones una profunda sensibilidad.

    Escuchaban con mucha atención. Algunos lloraban. Incluso ellos mismos llamaban a los vecinos que iban pasando diciendo: “Vengan a escuchar”. El mensaje comenzó recordando que:

 “El gran poder de Dios que se desplegó en su creación en los días pasados no se compara con su amor, mucho más grande, que quiere desplegar en su vida.”

    Luego se respondió una pregunta que muchos se hacen: “¿Cómo un Dios bueno puede permitir que sucedan cosas malas? ¿Dónde está Dios en todo esto? Miren a la cruz; allí está Cristo sufriendo.”

    Al terminar la predicación, muchos expresaron su gratitud diciendo: “Hace falta lo que ustedes están haciendo”, refiriéndose no solamente a la ayuda material, sino especialmente a las palabras de esperanza, consuelo y vida eterna.

    Recordamos el ejemplo del Señor Jesucristo, quien iba sanando, escuchando a los quebrantados de corazón y, al mismo tiempo, anunciando las palabras de vida eterna.

    Queremos animar a todos los hermanos que puedan ayudar. Hay personas viviendo en plazas, estadios, aceras y cualquier espacio abierto. Muchas veces un pan caliente, un desodorante, una conversación sincera o simplemente preguntar: “¿Qué han perdido ustedes?” y ofrecer un hombro para llorar puede ser de enorme bendición. Hay mucha ayuda material, pero no todos pueden ofrecer el consuelo que solamente el Señor puede dar.

    Más tarde visitamos la dirección de unos familiares de hermanos. Aunque ya era de noche, logramos encontrarlos. Están viviendo en la calle. El señor y su esposa son los únicos miembros de esa familia que aún no conocen al Señor.

    Entre lágrimas nos contó cómo Dios preservó milagrosamente la vida de él, su esposa y su hija. Permanecieron de pie en la entrada del edificio mientras toda la estructura se desplomaba detrás de ellos. Dijo que, apenas dio un paso hacia adelante cuando terminó el terremoto, esa parte también cayó. No logra entender por qué aquella pared no cayó sobre ellos. Nos decía que parecía como si una mano invisible la hubiera sostenido hasta que pudieron escapar.

    Pudimos compartir varios pasajes de la Palabra de Dios, orar con él y acompañarlo en medio de su dolor. También le dejamos alimentos, insumos y nuestro número de contacto. Ellos lo han perdido absolutamente todo.

    Después llegaron los hermanos desde Barinas en dos vehículos, entre ellos el hermano Clemente con su camioneta. Sin saberlo, llegaron justo cuando más los necesitábamos. Gracias a ello pudimos trasladar a la familia con los cinco niños, junto con la mayor parte de sus pertenencias, hasta una casa de conocidos en Caracas, donde podrán estar mucho más seguros.

    Hoy estamos nuevamente comprando provisiones para regresar. Otros hermanos bajaron temprano junto con la hermana Yelitza llevando maquinaria.

    Les rogamos que oren, porque el propósito es instalar una carpa que sirva como centro de apoyo, donde puedan organizarse los insumos enviados por los hermanos y desde donde se pueda seguir atendiendo tanto las necesidades materiales como las espirituales de la población.

Información adicional:

    El hermano José Luis Rodríguez, de la asamblea en La Guaira, informó que, tras la inspección realizada por los bomberos, el local evangélico ha sido declarado inutilizable debido a los graves daños estructurales sufridos durante el terremoto. Las bases fueron rotas y las columnas. 

    Asimismo, su vivienda y de otros hermanos, también fueron declaradas inhabitables y se consideran pérdida total. Luis Leal perdió su casa y todos sus enseres.Dilcia Espinoza perdió todo, solo preservó la ropa que llevaba puesta. 

    Como consecuencia, hoy la asamblea no pudo reunirse para celebrar la cena del Señor. La mayoría de hermanos están dispersos en distintos refugios y hogares en Caracas. 

    Son noticias desgarradoras, sigamos orando para que el Señor continúe sosteniendo a los hermanos, fortalezca a quienes están sirviendo en medio de esta tragedia y permita que muchas personas encuentren en Cristo la esperanza y la salvación que tanto necesitan.

Esta sección tiene como meta, presentar información oportuna, interesante y hasta curiosa para el
 conocimiento sobre Dios y tu futuro eterno. 

                      

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