Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama. Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados. Luc 7:47-48.
La escena tiene lugar en el patio de la casa de Simón. Las casas de la gente acomodada se levantaban alrededor de una pequeña plaza central. A menudo había en el centro del patio un jardín y una fuente, allí era donde se comia en los días de calor.
Era costumbre que cuando se invitaba a un rabino, vinieran toda clase de gente ya que se corria el rumor de la visita y todos acudian a escuchar, nadie se lo impedia. Asi se explica la presencia de esta mujer de mala vida en esta reunión.
Cuando entraba un invitado a una casa así, era corriente que se hicieran tres cosas:
- El anfitrion le ponía la mano en el hombro al huesped, y se le daba un beso en la mejilla, llamado un "beso de paz". Era una señal de respeto, que jamás se omitia en el caso de un rabino distinguido.
- Los caminos eran de tierra, polvorientos, y el calzado no era mas que suelas sujetas al pie con correas y por eso se le echaba agua a los pies al huesped para limpiárselos y refrescárselos.
- Del mismo modo se quemaba un poco de incienso, o se le echaba un poco de aceite infusionado de rosas al invitado en la cabeza.
En Oriente los comensales al momento de las comidas no se sentaban en sillas, sino que se reclinaban ante una mesa muy baja, en cojines apoyándose sobre el brazo izquierdo, para dejar libre el derecho para usarlo para comer. Del mismo modo tenían los pies extendidos hacia atrás y se quitaban las sandalias durante la comida. Así se comprende cómo llegó la mujer a los pies del Señor Jesús por detrás.
Para una mujer Judía llevar el pelo suelto en público era un acto vergonzoso. Las jóvenes se sujetaban el pelo recogido el día de su boda, y ya no volvían a llevarlo suelto en público nunca más. El hecho de que esta mujer lo llevara suelto indica que lo importante para ella no era el que dirian los demás sino la persona del Maestro Jesús y lo que ella estaba haciendo para Él.
Este es el primer paso en el camino del amor verdadero. "No podemos dar lo que no hemos recibido". Para poder dar amor a otros es necesario tener siempre presente, cuanto nos ha perdonado el Señor. >"más al que se le perdona poco, poco ama"<.
Te dejo esta pregunta para reflexionar: ¿Cuando fue la última vez que recordaste, cuanto te ha perdonado el Señor? O eres de los que piensa que no eres tan malo como lo son los demás?


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