jueves, 1 de enero de 2026

Mensaje de agradecimiento al comienzo de un nuevo año. txt no. 139.

 

FELIZ Y BENDECIDO 2026!

¡Querida familia lectora, bendiciones en este nuevo año 2026!

    Quiero empezar este año levantando un sencillo “gracias” al Señor… y a cada uno de ustedes. Gracias por navegar conmigo —día tras día, reflexión a reflexión— por estas aguas llenas de preguntas, fe, esperanza y Palabra divina. No doy por sentado el tiempo que dedican a leer, comentar y caminar juntos en este pequeño rincón teológico y bíblico que compartimos. Gracias por estar allí.

    Como un humilde servidor que ama profundamente a sus hermanos y amigos lectores, quiero llevar sus vidas a los pies de Cristo en cada lectura. Doy gracias por los que llegan con fe firme y también por los que se asoman con dudas en el corazón. Aquí hay espacio para todos: para el que ríe, para el que llora, para el que busca y para el que descansa en las promesas de Dios. Recordemos que “sus misericordias son nuevas cada mañana” —y también cada comienzo de año.

    Mi oración para 2026 es que el Señor nos conceda: 

✨ corazones sensibles a Su voz,

✨ mentes dispuestas a aprender,

✨ manos listas para servir,

✨ y una comunidad unida en amor.

    Que cada publicación sea como un puerto seguro donde echar anclas, reflexionar y volver a zarpar fortalecidos en Cristo.

    Gracias por estar aquí. Gracias por su cariño. Gracias por caminar juntos. Y, sobre todo, gracias a Dios, que sigue escribiendo Su historia en nuestras vidas.

    Con afecto fraternal y un abrazo lleno de esperanza,

    Sergio A. Simoes P. su servidor.

Esta sección tiene como meta, presentar información oportuna, interesante y hasta curiosa para el
 conocimiento sobre Dios y tu futuro eterno. 

                      

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Lágrimas, gozo y cimientos: una lectura exegética pastoral en Esdras 3:12. txt no. 138.

    


   Cuando se colocaron los cimientos del nuevo templo, después del exilio, ocurrió algo inesperado. Esdras 3:12 describe una escena profunda: “Muchos… ancianos que habían visto la casa primera… lloraban en alta voz, mientras muchos daban grandes gritos de alegría.” El mismo acontecimiento. Dos reacciones. Un solo Dios obrando.

    La riqueza del texto aparece cuando miramos algunas palabras hebreas clave — no sólo para entender el pasaje, sino para dejarnos pastorear por él.

    1. “Lloraban en alta voz” — בֹּכִים (bokhím). Raíz: בכה (bakhá) Significado: llorar profundamente, con quebranto real, visible, que nace del corazón. Los ancianos lloraban porque recordaban el templo de Salomón. No estaban “criticando”. Estaban teniendo duelo espiritualmente por lo que se había perdido.

    Ahora, Dios no desprecia tu dolor por lo que ya no es. Hay pérdidas que duelen… ministerios, etapas, relaciones, sueños. El llanto no te hace débil — te hace humano delante de Dios. Presenta tu dolor ante Dios… y no lo escondas.

    2. “Gritos de alegría” — תְּרוּעָה (teruáh). Significado: clamor de victoria, alegría pública, celebración sonora. Es la misma palabra usada en festividades y victorias militares. Mientras algunos lloraban, otros celebraban la fidelidad de Dios. No estaban ignorando el dolor — simplemente veían el milagro del regreso.

    La adoración también es gozo abierto y agradecido. No dejes de celebrar lo que Dios hace, aunque parezca pequeño. La iglesia necesita tanto lágrimas sinceras como gozo auténtico. El gozo cristiano no niega la realidad — la ilumina.

    3. “Cimientos” — יְסוֹד (yesod). Significado: base, fundamento firme, aquello sobre lo cual todo se sostiene. El énfasis bíblico no está en la grandeza del edificio… sino en la solidez del fundamento.

    Dios honra los comienzos obedientes, aunque sean humildes. Lo importante no es la visibilidad de la obra — sino el fundamento. En la vida cristiana, Cristo es nuestro yesod (1 Co 3:11). Dios mira primero el fundamento… luego la estructura.

    4. “La casa primera” — הַבַּיִת הָרִאשׁוֹן (habáyit harishón). Esta expresión no sólo describe un edificio. Carga memoria, nostalgia, identidad. Los ancianos comparaban el presente con el pasado… y dolía.

    Comparar roba gozo. La nostalgia puede ser piadosa… pero también puede atarte. Dios no te llama a repetir el pasado, sino a obedecer en el presente. Lo nuevo de Dios no siempre luce como lo viejo — pero sigue siendo Su obra.

    Ecos de referencias en otros textos del Antiguo Testamento:

Hageo 2:3 — “¿No es como nada a vuestros ojos?”, כְּאַיִן (ke-áyin) — “como nada, insignificante”. Dios reconoce que el nuevo templo parecía pequeño. Pero promete: “Mi Espíritu estará en medio de vosotros.” Lo que parece pequeño… puede contener la gloria de Dios.

Salmo 126:5 — “Los que sembraron con lágrimas”. דִּמְעָה (dim‘áh) — lágrima con esperanza. Dios no desperdicia las lágrimas ofrecidas en fe.

Jeremías 31:16 — “Reprime del llanto tu voz”. בֶּכִי (bekhí) — llanto intenso. Dios no niega el dolor. Lo abraza y lo enmarca en esperanza.

Zacarías 4:10 — “El día de las pequeñeces”, קְטַנּוֹת (ketanót) — cosas pequeñas, poco importantes. Nunca desprecies los pequeños comienzos de Dios.

    Podemos resumirlo así: En la obra de Dios pueden convivir lágrimas y gozo, debilidad y esperanza, lo pequeño y lo eterno. Lo importante no es la magnitud visible, sino el fundamento: Dios mismo.

    1. Acepta la diversidad emocional en la iglesia. Habrá quienes lloren y quienes celebren. Ambos caben en la gracia de Dios.

    2. No vivas comparando — vive agradeciendo. Pregúntate: ¿Vivo anclado al pasado o agradecido por lo que Dios hace hoy y hará en el futuro?

  3. Revisa tu fundamento espiritual. Más que crecer… asegúrate de estar bien cimentado. Fundamento es: Palabra, obediencia, comunión con Cristo, vida en comunidad.

    4. Acompaña a otros en su proceso. Al lado de un nuevo “cimiento espiritual” puede haber: una persona llorando lo perdido, otra celebrando el nuevo inicio. Camina con ambas.

   5. Mira más allá de lo visible. El templo reconstruido apuntaba a algo mayor: Cristo — Dios habitando entre nosotros. Si Él está presente… la gloria ya está garantizada en medio nuestro.

    En Esdras 3:12, lágrimas y gozo no se excluyen. Ambos se arrodillan ante el mismo Dios fiel. Que aprendamos a: llorar con esperanza, celebrar con humildad, construir sobre el único fundamento firme: Cristo.

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