lunes, 20 de julio de 2026

La manera correcta de acercarse a Dios.txt, no. 190.

  Para el creyente, esta parábola es una advertencia permanente contra la religión de la suficiencia. La oración no puede ser autocongratulación. Muchas veces, incluso dentro de la iglesia, se oraba como el fariseo: “Dios, gracias que no soy como los otros; soy fiel, ayuno, doy, soy disciplinado”. La oración correcta es: “Dios, sé misericordioso conmigo, aunque soy tu hijo”.

    La justicia del creyente es recibida, no construida. El creyente es declarado justo (δικαιωθὲν) por Dios, no por sus obras. Las obras son fruto de la justicia recibida, no su causa.

    La humildad debe ser constante. La parábola no dice que el fariseo era malo en sí mismo, sino que su actitud era de autoexaltación. El creyente puede caer en la misma actitud: comparar su vida con la de otros, sentirse “más fiel”, “más santo”, “más disciplinado”. La comparación con otros es peligrosa. El fariseo se justificó comparándose con “los otros”. El creyente debe compararse con Cristo, no con los hermanos. La medida de la santidad es la imagen de Cristo, no el nivel de pecado de los demás.

La manera correcta de acercarse a Dios para el creyente y cualquiera es:

  • Reconocer que su justicia es solo en Cristo, no en sus obras.
  • Orar constantemente como el recaudador: “Dios, sé misericordioso conmigo”.
  • Mantener una actitud de humildad, incluso cuando se observa crecimiento espiritual.

    Para el incrédulo, la parábola es una invitación directa a abandonar la autojustificación y a aceptar la misericordia divina. El reconocimiento del pecado es el primer paso. No se puede acercarse a Dios diciendo: “Yo soy bueno, yo no necesito nada”. La parábola muestra que el único que es “justificado” es el que dice: “Soy pecador”.

    La misericordia es gratuita, no es salario. El recaudador no ofrece obras; solo pide misericordia. Para el incrédulo, esto significa que no necesita “ser bueno primero” para acercarse a Dios; necesita simplemente reconocer su necesidad y pedir perdon.

    La humildad es la única puerta. La sentencia final (“todo que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”) aplica a todos. El incrédulo que se considera “más inteligente”, “más libre”, “más racional” que los creyentes, y que se enaltece por eso, está en la misma categoría del fariseo.

    La oración del recaudador es modelo para el incrédulo. “Dios, sé misericordioso conmigo, el pecador” es una oración que cualquiera puede decir, sin necesidad de conocimientos teológicos, sin ritos, sin obras. Es la puerta de entrada a la relación con Dios.

    El fariseo representa la religiosidad que cree que Dios le acepta por sus obras; el recaudador representa la verdadera fe que acepta que solo la misericordia de Dios lo hace justo. La conclusión de Jesús (“todo que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”) es el principio universal que valida esta enseñanza para ambos, creyente e incrédulo.

    En términos griegos, la justicia (δικαίωσις) es un acto de Dios sobre el hombre que se humilla; no es un resultado de la autoexaltación. La manera correcta de acercarse a Dios es, por tanto, la misma que el recaudador:  “Ὁ Θεός, ἱλάσθητι μοι τῷ ἁμαρτωλῷ”. "Dios sé propicio a mi un pecador".

Esta sección tiene como meta, presentar información oportuna, interesante
 y hasta curiosa  para el conocimiento sobre la Biblia, la poderosa palabra de Dios.
  Si ha sido de provecho compártelo en tus redes sociales, para que otros también sean bendecidos

síguenos en:
 tweeter: @heraldo67
 instagram: serginho6767
facebook: maná diario


No hay comentarios:

Publicar un comentario